El Diario de Lulu
De esas cositas ricas que le pasan a cualquiera
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Por: Lulu
Publicado: 21/04/2010 - 15:05 - Visitas: 1377 - Edición: Edición 12
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De esas cositas ricas que le pasan a cualquiera


Sensaciones deliciosas para una mujer hay muchas. Algunas provocadas, como las caricias de otra persona; otras las imaginamos. Nuestra mente es la herramienta más poderosa que tenemos para alcanzar el éxtasis o complementar momentos que por diversas razones no han logrado llevarnos a la cúspide del placer, a ese punto donde todo se contrae y explota al mismo tiempo.

Estaba con una amiga sentada en un bar tomándome un cóctel que entre risas habíamos escogido porque el mesero dijo que era "afrodisíaco". Cuando el trago llegó a nuestra mesa ya habíamos hablado bastante, así que probamos ese licor rojo, agradable la vista, sexy y con un granizado en su interior del mismo color. En ese momento, pude sentir la intensidad del alcohol en mis labios, quemando un tanto mi garganta y bajando violentamente, un hilillo caliente que recorría mi vientre dirigiéndose aún más abajo hasta que me hizo   contener el aliento pues pensé que ese hilillo iba a pasar mi panty; fue tan fuerte la sensación que tuve pena con mi amiga y me excusé para ir al baño. 

Allí, habían cuatro niñas más esperando por turno, y sin más me dispuse a aguardar, cerca en la barra. Sorpresa. Había un chico, aparentemente solo, bebiendo el mismo trago que yo, la idea me hizo calentar un poco y sin quitarle el ojo de encima observé cada una de sus facciones perfectamente masculinas, y esos ricos movimientos que hacía con su boca y lengua saboreando el trago y lamiendo el borde del vaso. Deslizaba su lengua aún con cierta humedad alrededor del borde de vidrio, empujaba un poco más la bebida hasta su boca y dejaba caer el líquido rojo en ella; cerraba sus ojos, tragaba y se saboreaba otra vez.

No pude evitar excitarme con esos movimientos... en ocasiones  el líquido se le escurría por entre las comisuras de sus labios y él tomaba la fresa que servía de decoración a modo de paño y luego se la metía en la boca sin morderla, solo la chupaba, en ese momento advertí que hacía ciertos movimientos un tanto rítmicos pero casi imperceptibles con su mano izquierda bajo la camisa que le cubría la entrepierna, no tardé en adivinar lo que ocurría. Cuando alcé la vista para mirar nuevamente su cara me encontré con unos ojos verdes intensos, hermosos y casi perversos clavados en mí y metiendo su lengua con mayor avidez en la bebida, en ese momento llegó una chica y aunque para mi fue como un lapsus, él hábilmente volvió a ubicarme dentro de la escena besando a la chica con mucha sensualidad y estrujando un poco su cintura recorrió su mejilla y llegó hasta su oreja en donde mirándome fijamente movía la lengua tan rápido como el estremecimiento que se dejaba notar en el cuerpo de ella, sentí mis panties completamente húmedos, mi respiración estaba muy agitada, mis manos sudorosas y el dolor del deseo se hacía más intenso, no pude resistir más, ya la fila para el baño había acabado, así que decidí desviarme y entrar por la otra puerta (la de los hombres) y en un gesto rápido e insinuador invité a  aquel chico a que viniera conmigo.

Un par de minutos y él entró al baño, me tomó por la cintura y me levantó a la altura de su cuerpo, me llevó contra la puerta y apoyó su cuerpo contra el mío mientras que hábilmente había levantado mi falda y separaba mis labios menores dejando al descubierto toda mi sensibilidad enrojecida por la sangre que lo irrigaba y endurecida por el deseo, el posó sus labios chupando insaciable y lamiendo todo el radio que su lengua pudiera abarcar, ¡diestros movimientos! y empecé a sentir el fuego dentro de mí, yo no dejaba de pensar en la forma en que chupaba la fresa o en el movimiento de su mano  bajo su camisa y la cúspide del placer estaba ahí a solo dos movimientos más, abruptamente, se levantó y se hundió en mí, tan rápido y tan fuerte que tuve que ahogar un grito   y tanto el como yo solo necesitamos mecernos el uno contra el otro  para estallar de placer; solo hubo una sonrisa de complicidad entre los dos, volví a la mesa con mi amiga que me dijo "No me lo vas a creer.... ¡Tengo una calentura!"
 
 
 
 
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