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¿Quién no ha tenido una relación extraña? Al que levantó la mano le recomiendo que las pruebe. Nada como la que teníamos Andrés y yo. Éramos los mejores amigos, pero también amantes, y sobretodo cómplices.
Tápame la boca para no gritar
El Diario de Lulú - GuiaCereza
No niego que tener una relación sin compromisos y sin ataduras es maravilloso. Esa ilusión de "libertad" que se alcanza es como un juego, un peligroso juego en el que no se sabe cuándo se llega a la meta o al desastre.
Una noche de fiesta, Andrés estaba en plan de conquistar a una nena muy guapa. Empezó a besarla a pocos minutos de recitarle su infalible monólogo. Estábamos sentados en un sofá y yo estaba al lado, hablando con un amigo de él que me habían acabado de presentar. La conversación se volvió aburridora y sin sentido (¿a quién le gusta que le hablen de tornillos y tuercas?) Y confieso que ver a Andrés besando a una nena tan guapa me causaba cierto recelo, mezclado con un poco de excitación.
No habían luces fuertes, así que de forma suave y evitando que alguien lo notara, deslicé mi mano hacia la entrepierna de Andrés.
Sentí una contracción en su cuerpo, un sobresalto, pero él no dejó de besar a aquella joven. Lo miré y creo que noté un gesto de aprobación en su cara. ¡Le había gustado!
Nadie notó pequeña acrobacia, fue rápida y duró segundos. Quité mi mano con la misma delicadeza y encubrimiento anterior... y allí empezó nuestro juego de complicidad.
Mientras él seguía besando aquella joven y yo seguía escuchando el bla-bla-bla de tornillos y tuercas de su amigo, Andrés, ni corto ni perezoso, tomó mi mano de forma muy suave y la volvió a poner en su entrepierna. Y yo, ni corta ni perezosa, bajé el cierre de su pantalón y deslicé mi mano como si fuera una araña pequeña. Encontré lo que buscaba y lo tomé en mi mano. Sentía cómo palpitaba.
Estuvimos jugando un rato, y la sensación de ser descubiertos tuvo algún efecto poderoso en mí. No aguanté más.
Lo esperé un rato en el baño y apareció sonriente, con esa cara de pícaro que tanto me gustaba. Sin decir palabra nos encerramos. Empecé a besarle un poco el abdomen, bajando poco a poco, hasta que llegué a donde quería llegar. Al momento, los espejos del baño se empezaron a empañar.
En medio de caricias y besos alguien tocó la puerta. Yo ya iba de salida, pero Andrés me tomó por la cintura y me acorraló contra la pared; subió mi falda y no sé en qué momento me empezó a penetrar. Seguían tocando la puerta cada vez con golpes más fuertes. Traté de moverme, casi por reacción a la puerta, pero mi cuerpo ya estaba dominado por él.
No perdimos el tiempo, yo sólo podía sostenerme de las paredes a causa de la explosión que sentía se avecinaba. Empezaron a surgir duros gemidos de mi boca, entrecortados y con palabras que le suplicaban "no más", a lo que respondió "tú te lo buscaste linda". Tapó mi boca con su mano y siguió muy concentrado en lo suyo. Sonreí de placer. Yo estaba confundida, pero intrigada y extasiada por la sensación de sentirnos descubiertos.
Un golpe en la puerta del baño, mucho más fuerte que los anteriores, aturdió el momento.
Nos a comodamos la ropa y salimos del baño. Afuera, nos esperaban unas cuantas caras conocidas que sonrieron al vernos. Al final de la fila se encontraba la "conquista" de Andrés, muy entretenida con el chico de las tuercas y los tornillos.
Sonreímos. Andrés se despidió de ella con un beso en la mejilla y salimos de la fiesta satisfechos, y a continuar con nuestro juego en un lugar donde no tuvieran que taparme la boca.
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