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Bienvenidos a las aventuras de un grupo de fotógrafos y artistas que se arriesgaron a fotografiarse desnudos en la vía pública. ¿Y eso qué tiene de raro, preguntan? La verdad nada, pero al parecer, la policía no piensa lo mismo... "¿Cómo así, pero es que estaban empelota-empelota?"
Texto y fotos: Hugo Gris, fotógrafo
El día estaba un poco oscuro y las calles olían a vómito de sábado por la noche; pero todo normal, los padres pseudo-perfectos se divertían viendo marear a sus hijos en las atracciones del parque de diversiones, las parejitas en los cines se juntaban las bocas, se hurgaban entre las ropas y "por qué no, un poquito más abajo", en fin; la señora que los domingos no lo es tanto, salía de su casa con el vientre oliendo a sándalo, dizque a visitar a su madre en el cementerio, bueno, eso es lo que siempre le dice al cándido de su esposo los domingos antes de salir. El señor senador de la república, presuroso, toma el último vuelo de la tarde a Río de Janeiro; ya saben que en el Brasil no funciona muy bien que digamos la extradición; mientras tanto paramilitares, guerrilleros y policías comulgan en la misma iglesia que es velado un niño, muerto a causa de los combates. Nosotros en ese momento estamos recibiendo una cátedra de moral y conducta social a cargo de un respetado coronel de la policía, que andaba de paso con toda su familia en un auto de la institución, que se supone es para el simple beneficio de toda la comunidad. La causa: "escándalo público" (de eso se nos acusó), de atentar contra las buenas costumbres y la moral de todos nuestros buenos conciudadanos.
No valieron las explicaciones ni las razones que planteamos, como tampoco la petición de respeto que hicimos de nuestro derecho a la libre expresión. Todo estaba demasiado claro para el coronel, estábamos desnudos, de frente al árbol, con nuestras sensaciones al descubierto, se nos debía entonces, investigar. El coronel llamó a una patrulla que llegó rapidísimo, casi nunca son tan rápidas (al menos no en los barrios pobres), se bajó el agente Chonchito y dijo "A la orden mi coroneeel".
"A verrr agente, hágame el favorrr, y se me lleva a estos desvergonzados que andaban en cueros, aquí en el parque, frente a la iglesia, no incontraron (sic) otro sitio mejor para empelotarse los hijueputas, aquí en la avenida El Poblado, por donde a diario pasa el alcalde y el gobernador, dizque libertad de expresión a ver si tienen tanta libertad como dicen, por qué no se desnuda la pelada, o mejor, por qué no se van pal monte, o pa una residencia y se empelotan todos y se fotografían el culo; ya oyó agente, se me los lleva y me los deja un buen rato mientras los identifica".
"Como ordene mi coronel, y ustedes echen pal´ carro".
Nos subimos al carro, sólo faltaba Chato, el perro de Mario, quien le dijo "Chato, súbase" y Chato dijo "guau guaurrr" mientras miraba las suculentas carnes que colgaban del agente Chonchito . El auto arrancó y nosotros empezamos a tomarnos algunas fotografías dentro de la patrulla, luego guardamos las cámaras por temor a que nos quitaran los rollos; todo fue breve pues la estación estaba cerca, nos hicieron bajar de la patrulla, a Chato tuvimos que amarrarlo de una especie de columna para que no llegara a morder a un policía que le tiraba agua mientras nos advertía que si lo mordía le pegaba un tiro; al Chato se le notaba que estaba indignado. Nos requisaron uno a uno buscando sustancias alucinógenas, el guardia de turno dijo: "y a éstos por qué los traen"?
El agente Chonchito respondió: "Andaban empelota los hijueputas".
El guardia de turno dijo: "¿la china también?"
Chanchito se marchó y de inmediato se formó una barra verde alrededor de Marcela, parecía una tierna pechuga adornada con muchas verduras o antipasto; y empezó el desfile de pirobos, perdón, de piropos policiales, que mamita por aquí, que mamita por allá, y Marcela se hacía la loca y otras veces sonreía con una carita de "¿cierto que nos van a soltar rápido?"; A ella la dejaron cerca del calabozo, pero por fuera de la reja, no podían encerrarla por ser menor de edad, pero qué va, eso era pura recriminación sexual porque adentro ya había un pelado que también era menor; a la final fue que la vieron tan lindita, que no quisieron que se ensuciara en el piso del calabozo. Dentro del calabozo ya había dos personas; uno era un loco tratando de dormir su domingo, claro, nos dio el recibimiento de rigor, nos presentamos y nos preguntó por nuestro prontuario. "¿Y a ustedes por qué los cogieron?"
- "No, por una bobada, estábamos tomando unas fotografías en el parque, en esas llegó un coronel y le pareció que nos veíamos mejor vestidos"
- "Cómo así, ¿es que estaban empelota, empelota"?
- "Sí, pero eso qué tiene de raro".

Foto antes de desnudarse del todo, ¡con Chato el perro!
En ese momento llega el papá de Mario a reclamar a Chato y se voltea hacia el calabozo en donde todos ya teníamos una pinta de convictos amateur. El hermanito de Mario nos compró unas gaseosas y cigarrillos para relajarnos un poco, pero el papá de Mario ni nos habló, yo creo que estaba un poco avergonzado; cogió al perro, lo montó al carro y se marchó, el Chato se despidió moviendo su cola mientras ladraba. Bueno, ya por lo menos habían liberado a uno de nosotros, al perrito, sólo faltaba que soltaran a los otros cinco. En esas de nuevo abrieron la reja para que entraran dos nuevos reclusos que parecían ser hermanos o por lo menos muy buenos amigos, a uno le decían "el Caleño" y al otro "el Flaco". El Flaco entró protestando: que los soltaran que ellos no estaban haciendo nada malo, que sólo estaban cuidando autos, que los dejaran trabajar tranquilos, que ese policía se la tenía montada, en fin. Nos fue mirando uno a uno. Esa mirada infundía miedo.
El otro recluso que había antes con el de la cobija, era un sardino como de diecisiete años y era más hermético que un contenedor nuclear.
El Flaco se acercó para ver quién era el de la cobija y le pegó una patada con cariño; el de la cobija, que nunca supimos cómo le decían por que nadie pronunciaba su nombre o por lo menos su alias, se volteó a mirarlo y le reconoció: "hola Flaco".
El Flaco respondió: "entonces qué gonorrea, ¿por qué está aquí?"
El de la cobija respondió: "no, imaginate que me cogieron en batida, me pidieron papeles, yo dije que no tenía, di una chapa que ya había utilizado otras veces y me figuró en pantalla un denuncio de hace 5 años y aquí me tienen mientras me investigan. Qué embale loco, ¿y a vos por qué te cogieron?"
No pues, imaginate, esta bandera del Caleño, que le digo yo que pilas, que yo se las canto para que se jale el pasacintas de un carro, una belleza y en esas venía un tombo, no me entendió las señas y nos cogieron".
El Caleño dijo "cual gonorrea si usted me avisó cuando ya lo tenía encima".
"¿Hey, quién los cogió?"
"Ese negro hijueputa que siempre nos jode".
El de la cobija dice: ¿cuál el negro Mosquera?"
El Flaco responde: "sí, ese negro hijueputa que siempre me ve me llama y me dice "Flaco, vení marica" yo me le arrimo y ahí mismo me va dando una patada en la espinilla". Al Caleño se le aguaron los ojos mientras se levantaba las botas de la sudadera para mostrarle al Flaco las señas en su espinilla pues a él también se la tenía montada, el Flaco mira triste al Caleño y le dice con su voz quebrada: "A vos también te pega en la misma parte". El Caleño dice que sí con la cabeza: "Sí, esa gonorrea a mí también me pega".

El Flaco nos mira a todos, se levanta la camisa y nos muestra una bolsa que tiene a un costado de su abdomen, repleta de desechos orgánicos, vuelve y nos mira diciendo.: "eh las guevas, yo aquí no amanezco, pilas pues pa que me ayuden: yo enseguida me empiezo a quejar, digo que esta bolsa ya está llena y ustedes dicen que me saquen de aquí, que esto está oliendo muy maluco, va pa esa".
Nosotros nos miramos buscando el consentimiento de todos y dijimos: "listo, va pa esa".
Y empieza el Flaco a gritar: "agente, agente, mire que esta bolsa ya se llenó y estoy incomodando a esta gente con el olor y si echo esto a la letrina se taquea y es peor para todos".
El agente de guardia le dice: "ya deje la gritería, que usted se va cuando tenga que irse".
El Flaco le responde: "Conste pues que se los advertí". Se sienta y nos pregunta "y ustedes, ¿por qué los encanaron?"
En esas el de la cobija dice: "No, estos manes estaban dizque en el Parque de El Poblado en pelota tomando fotos".
El Flaco se asombra: "¡En pelota! ¿Dónde, en el parque?
Y todos: "sí, en el parque".
"¿Cuál, el de allí? El de El Poblado?
Y de nuevo todos: "Siiiii"
El Flaco hizo una cara de repudio y dijo: "ah las guevas, yo seré lo que quiera, yo seré ladrón, cochino, ¡todo un hijueputa! Pero yo no soy tan bandera como para empelotarme en la calle, para que todo el mundo vea de qué color tengo el culo, ustedes están es en nada".
Así fue como hasta los criminales expresaron su repudio a nuestro simple acto de sensibilización colectiva, todos estaban sensibilizados gracias a nosotros, y por primera vez en mucho tiempo policías y ladrones compartían una causa moral en común ¡Ah, aquí sí había unión! Ante tal acto de barbarie, el flaco se siente en confianza y es así como empieza a contarnos todas sus historias delictivas, nos habla de sus vivencias turísticas en las distintas cárceles del país, de cómo una vez tuvo que pegarle con una varilla a su hermano hasta reordenarle los genes, de las varias veces que había tenido que golpear a su mamá. Él nunca quiso hacerlo, la situación fue la que lo obligó, en fin.
Después de estas duras confesiones el sardinito, que era más hermético que un contenedor nuclear, también se sintió más confiado para hablar de su situación. Nos contó que tenía diecisiete años, que lo habían atrapado con una pistola 7.65 pero que él sabía que lo soltaban pronto por ser menor de edad, también nos contó que él hacía "cruces" para mantenerse bien, para que no le faltara la ropa, ni la platica, para darse los vueltones. En ese momento, vemos llegar en unas motos de la policía a otro joven, lo traían arrestado y era evidente su edad. También era menor de edad. El guardia de turno y los diferentes agentes que se encontraban afuera y que no habían dejado ni por un instante de gallinacear con raros piropos a Marcela, le preguntaron a los patrulleros: "Y a este, ¿por qué lo traen?"
Uno de los patrulleros responde: "Es que un mensajero se estrelló en esta moto y él dizque muy acomedidamente la cogió para llevársela hasta la clínica, porque el que se estrelló se lo habían llevado muy mal herido en un taxi".
El implicado agregó: "Sí mi agente, mire yo vendo Frunas en los buses, yo vi cuando ese señor se estrelló, entonces me dio pesar dejarle la moto ahí tirada para que de pronto se la robaran y me pareció que era buena idea yo coger la moto y seguir el taxi que lo llevaba hasta la clínica para dejársela allá, pero que iba yo a saber que me podía ganar este problema".
Dentro del calabozo todos escuchábamos atentos la explicación del pelado; el Flaco dijo entonces en voz baja: "Eso es pura caspa, yo apuesto que ese pelado lo que quería era golearse la moto, espere y verá que entre, yo sí sé como sacarle la verdad".
Abrieron la reja y el pelado entró con una cara de preocupación brutal, se volteó diciéndole al patrullero que lo había arrestado "Seguro mi agente que yo estoy diciendo la verdad".
El patrullero le responde: "Pa´ que es tan güevón, eso le sirve de experiencia para que la próxima no se ponga de regalado a ayudar a nadie, o es que usted no sabe que ladrón no es el que roba; sino el que se deja pillar".
"Eso", dice el Flaco, "uno no puede ayudar a nadie, sabe qué chino, la próxima vez que usted vea alguien así en el suelo, no coma de nada, písele la cabeza y así no se mete en problemas, entiende".
El pelado agachó la cabeza y todos para tratar de animarlo empezamos a comprarle las Frunas que llevaba en la cajita, el Flaco le dice: "Hombre, creo que ya estabas que te goliabas la moto". El pelado sonríe y nos mira a todos los interesados en su relato y dice: "Sí hermano, yo ya iba casi legando a la casa, si no es por esos motorizados me la corono".
El resto de la tarde se fue lento entre risas, historias y el cansancio del encierro. Nos desesperábamos cada vez que preguntábamos a qué hora nos dejaban libres, unos decían que mañana, otros decían que a las ocho, el Flaco aseguraba que a ellos ya casi los iban a soltar, por que los policías que los arrestaron no habían dicho nada del pasacintas, "seguramente lo van a dejar para ellos" decía "qué chimba, no hay evidencia".
Poco después, como a las 6:30 p.m. llega el papá del hermético, era un señor gordito, como de cincuenta años, él era un viejo de esos queridos, con cara de bonachón y nombre de tendero. Traía una bolsa con comida, algunas cobijas y ropa limpia, bien planchada para su querido hermético 7.65. Al rato, llega la mamá del pelado de las Frunas, se veía linda la señora, vestida de rojo como para un baile de quinces; lástima que la pestañina se le corrió por el llanto, era un cuadro todo Bellavista, con hermanita y todo; la señora trajo una coquita llena de arroz con huevo; entre todos nos la comimos y ahí se sintió un camaradería de siglos de prisión, fue bello, muy bello.

Al parecer, ya tenían "prontuario" de sus actividades inmorales y como atestigua la foto, ya lo habían hecho antes, hace años, en el Puente de San Antonio durante su construcción.
A los pocos minutos liberaron al Flaco y al Caleño, se fueron muertos de risa, pero antes nos desearon suerte con una risita toda irónica; en esas llegaron más patrulleros y uno de ellos dele que dele del cuentico de jugar ajedrez con Marcela, pura maña de policía para tratar de encarretársela; otro de los patrulleros era un loco todo deathmetal que cargaba en el la chaqueta de policía, además de cds, una videograbadora para registrar todos los muertos y heridos que pudieran haber en su noche, era una especie de grito el que hacía al exclamar ¡"A luchar por la justicia!", mientras sostenía en su mano su revólver y en la otra la vídeo. No recuerdo quién fue el que dijo que ese tombo parecía uno de los Superamigos; a mi se me pareció por el color del uniforme a Linterna Verde. En fin, lo cierto del caso fue que después de las 8:00 p.m. nos soltaron.
Salimos rendidos, cansados de tanta justicia y con la firme convicción de que nuestra moral es una puta abandonada. Terminamos tomando fotos en un bingo del Centro lleno de ancianos y obesos. Yo creo que todos nos sentimos un poco ancianos, un poco obesos.
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goze mucho, excelente el relato me encanto y tambien aprendi de el y mucho gracias
05/05/2010 - 18:55
QUE BUENA NARRACION...PUBLIQUEN MAS HISTORIAS ESTAN DEL CARAJO!!
05/05/2010 - 23:25
Da lástima saber que nuestra ciudad séa tan pueblerina en pleno siglo 21, en Europa que si son cuvilizados, principalmente en España y Alemania, la persona puede estar en las calles tal como quiera. por eso tu puedes ver las chicas mas lindas.
06/05/2010 - 17:57
ESA HISTORIA CON PELOS Y SEÑALES QUEDO SUPER.... UNA DE LAS MEJORES Q HE VISTO...LOS FELICITO ...Y SIGAN CON LOS DESNUDOS Q ESO SI ES ARTE
07/05/2010 - 00:31
esta bn bacano
07/05/2010 - 11:02
De toda evidencia la liberación de los tapujos, especialmente los sexuales, es el grito de libertad más grande. Guía Cereza se ha convertido en el vocero de los que rechazamos la conformidad y que la rechazamos pacíficamente. ¿Llegará el momento en que nos traten de terroristas?
Desde cierto punto de vista es comprensible que en un país en el que el derecho a la vida no es necesariamente respetado, la libertad del cuerpo y por ende del sexo se considere “antisocial”.
Como hacen resaltar en el artículo, el criminal, en un gobierno criminal, se puede permitir repudiar los que no ocultan su cuerpo. Demuestran la lógica reinante: si estamos desnudos todos, los dos ejes de esta “sociedad” (fuerza pública, iglesia incluida y la criminalidad) ya no tendrían qué robarnos…
08/05/2010 - 06:49
Que rico es leer este tipo de comentarios esto es tipico de nuestra querida COLOMBIA se les quiere muchachos y pilas publiquen las fotos de Marcela y Gracias me sacaron del stres de una ciudad como New York besos Marcela jajajajaj
08/05/2010 - 13:31
lastima que no les dejaron sacar mas foticos en el parque... que falta de respeto!!! apoyemos los desnudos carajo eso es arte!!!!!!!!!!!!! muy buen relato
09/05/2010 - 01:26
Excelente relato, bien elaborado, cautivante narrativa y sobre todo muy muy muy cierto...
Loa felicito... "y por favor una fotico de Marcela"
10/05/2010 - 21:19
Excelente crónica, que buena historia, y tremendos los detalles.
29/05/2010 - 02:05
Excelente ensayo, la verdad es triste que encierren a alguien por desnudarse pacíficamente como encierran a un bandido ladrón, definitivamente se nota que somos del pais del sagrado corazón
24/12/2010 - 20:36
buenisimo
08/01/2011 - 04:04
que lastima no dejar que el arte y la manifestacion propiua no se pueda ver de otra forma,
11/01/2011 - 00:05
El cuerpo es arte.. pero hay muchos ignorantes.
17/06/2011 - 02:40
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