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Por: Fernando Marulanda - Fotografías: GuiaCereza y Yohná
Nueve de la noche. En una mesa, tres parejas comparten una botella de Whisky y en la pista de baile una mujer saborea los labios de un joven que ya se delata excitado, mientras otras dos parejas observan. Dicen que el licor desinhibe y espanta los temores, entonces le pido dos tragos de ron a la única persona vestida, la mesera, y observo su diminuta falda negra y escote pronunciado. Mi pareja está tranquila.
Sube la temperatura en la pista, la mujer que baila mandó de vacaciones a la toalla y otras parejas se acercan para observar. Mi pareja no se intimida, es imposible no ser voyeurista y acercarse más a la escena. Contemplamos con atención dos cuerpos desnudos que bailan. Nuevas parejas se unen y como en efecto dominó van cayendo las toallas que quedan. Sin percatarnos, también estamos desnudos.
Refugio nudista
Lo que antes era un apacible refugio nudista donde se hablaba del partido de la semana o de la telenovela, se transforma en un carnaval de pasiones; regresa la mesera y entrega una provisión de condones, la excitación hace estragos y el sexo colectivo se acerca.
En la habitación voyeurista, tres chicas juguetean. Pezones se rozan, besos se esparcen en las pieles. Las mujeres se entrecruzan en un agitado sexo lésbico, y los hombres se estimulan. Hay corrillo, muchos observan.
El turco también está lleno, los cuerpos se ocultan en el ambiente vaporoso. Algunos curiosean, otros se exhiben, los más experimentados intercambian parejas, es un trueque consentido y deseado. Todos ven a tu pareja mientras tiene sexo con otro hombre y te ven mientras tienes sexo con otra mujer.
Se calienta el ambiente
Después de múltiples miradas, una pareja se acerca. Marcelo y Patricia, un joven matrimonio. Caleño de 23, antioqueña de 19 y padres de un hijo que la niñera cuida en casa. Es su segunda vez en el club, quieren ver y ser vistos.
En este club swinger, las fantasías sexuales se convierten en realidades. El intercambio es un juego de seducción y tolerancia. No es la orgía descontrolada, la partida sin reglas que imaginé antes de ingresar.
Fin de la noche. Después de cinco horas, algunas parejas han tenido sexo en varias ocasiones. Entre las que hay mayor afinidad, intercambian teléfonos para planear un posterior encuentro, otras dejan un clasificado en la cartelera de swinger, buscando establecer nuevos contactos. Este club, que abre sus puertas de lunes a sábado y que el ingreso por pareja cuesta cuarenta mil pesos, es un espacio para una práctica cada vez más común.
La fiesta swinger también se vive en la intimidad de los apartamentos y por supuesto en moteles, muchos de los cuales han implementado la habitación doble porque el mercado lo exige. Se apaga el club swinger, uno de los tres que existen en Medellín y sus alrededores, una cifra todavía lejana a los ocho que hay en Cali y los dieciséis de Bogotá. Las parejas se despiden como viejos amigos, y muchos se citan para un próximo encuentro. El movimiento swinger crece en la ciudad.
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Gracias por describir algo tan excitante, estoy muy tentada ya a ensayar y pegarme una voladita con mi novio, ;) bye
12/05/2010 - 10:42
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