Objeto de Deseo
Cómo no mirarla, cómo no admirarla
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Por: GuiaCereza
Publicado: 30/04/2010 - 19:14 - Visitas: 2429 - Edición: Edición 28
Tiempo estimado de lectura: 13 Minutos

Artículo y foto por: Yohná - Fotógrafo 

Vivimos en un mundo saturado de imágenes, que nos proveen una información visual que puede ser diversa, colorida, fría, impactante, perturbadora, excitante, insignificante; los calificativos que se quedan cortos para describir las reacciones conscientes e inconscientes que nos suscitan esas imágenes y los sentimientos y emociones derivados ese “ver”, pero más aún del desarrollo de la capacidad de observar.

El poder de las imágenes va más allá de la simple contemplación a través de la vista, porque existen algunas de ellas que llegan a fijarse indeleblemente en nuestra mente y se arraigan como recuerdos que son evocados cuando lo deseemos o necesitemos.

Como seres humanos creamos y desarrollamos nuestros propios esquemas de belleza, en los cuales dejamos impregnados ideales, deseos, anhelos y recuerdos; belleza que buscamos insistentemente, toda vez que su visión nos alimenta y provoca sensaciones que de ninguna otra forma podemos, ni queremos percibir.

Es por ello que mi mente se empecina en recordar una serie de imágenes como una película que se proyecta y cuya protagonista es ella, la mujer que irrumpió en mis vivencias y me hizo sofocar, que agitó mis sentidos, haciendo reaccionar mis instintos ante sus movimientos, deseando incluso inhalar las palabras que expresa para así degustar el elíxir de su boca provocativa y sensual.

Y me pregunto ¿cómo no mirarla antes de ser captada? cómo perder esos momentos de extrema pasión que tienen las miradas ocultas mientras que poco a poco se va despojando de sus ropas y descubre una belleza oculta pero evidente que me deja sin aliento, cómo no dejar salir el voyerista consumado que soy para saciarme con el espectáculo de su piel, acaso no debo primero impregnarla en mis neuronas antes de ser grabada en los bits. Confieso que yo estuve allí para verla; compartí los momentos previos mientras se alistaba, vigilé sus movimientos, seguí sus pasos, observé cómo el maquillaje simplemente resaltaba una bella innata.

Y ahora todo está dispuesto: las luces, los fondos, las cámaras, los cables, nosotros pero sobretodo ella,  epicentro de todo y para todos. Es difícil decir qué siento cuando observo esta beldad y me enfrento al reto de capturar imágenes que la representen, cómo condensar en una fotografía su belleza, la armonía de su figura, los detalles de su piel, la forma de su cuerpo, lo impactante de su desnudez; cómo no reaccionar ante sus ojos claros con mirada tierna pero con poder de atravesarme y leer mi mente, y dejar esta sensación plasmada en una fotografía.

Ese es un momento de verdad para mí como hacedor de imágenes, es allí donde mi imaginación comenzó a volar surcando infinidad de paisajes, donde compuse espacios inexistentes, donde pasaron por mi mente híbridos de realidades buscando recrear un ambiente que sirviera de complemento a su cuerpo y a la personalidad que irradiaba, busqué insistentemente un contexto donde exponerla cual obra de arte que se exhibe para ser admirada.

Y ahora nos enfrentamos el uno al otro, ella vestida del aura que rodea su tez, yo detrás de la lente que se apresta a registrarla. Comenzamos a trabajar, posa frente a mi con una actitud altiva segura de lo es y que pueda dar, la observo completamente, recorro cardinalmente su cuerpo con mi mirada, aprehendiendo su forma, detallando como se expresa, descifrando los reflejos de la luz en su piel cobriza y entonces afloran los roles, en mi quien dirige, en ella quien actúa, entonces Ella se transforma de chica tierna en una femme fatale; jadea y se contorsiona, sus brazos la tocan, sus manos la acarician y entrelazan su cabello dorado, sus dedos recorren sus senos erizando la piel que lo contornea haciéndolos turgentes.

Ella salta, se agazapa, se arroja al piso desplazándose como un reptil en caza, se compromete con su papel denotando una gracia como de alguien que danza; hace calor pero no solo se eleva la temperatura por las luces artificiales o el clima imperante, sino porque nadie puede permanecer gélido ante sus cadencias, y no queda más que dejarse seducir haciendo clic a mi caja negra para captar uno a uno estos instantes.

Las imágenes se van dando por sí solas, a la modelo las poses le brotan instintivamente y casi sin proponérselo, cada postura es una nueva imagen digna de ser mostrada que se graba en la memoria de mi cerebro y de mi cámara. Me emociono, me muevo, me agito y transpiro al seguirla en cada movimiento, observándola desde todos los ángulos para no perder un solo punto de vista y registrarlo; en este trabajo es factible que la mejor fotografía sea aquella que no se ha planeado y que surge espontáneamente. Por ello la pido de frente, la contemplo caminar de espaldas, hago acercamiento de sus pies, de lo plano de su abdomen, de la voluptuosidad de su derrière, de la belleza de su cara, y vuelvo y me alejo para visualizarla completa; en fin toda ella y cada parte suya es un espacio para arrancar suspiros en quienes la admiren y vacíos en quienes la deseen.

El tiempo transcurre y va llegando a su fin nuestra sesión, cada uno aportó lo mejor de sí para cumplir con el objetivo planteado, sin embargo no puedo resistir estallar en aplausos para reconocer su profesionalismo, para hacerle ver que la cámara la adora y que me siento complacido de haber compartido este espacio y tiempo. Ahora sólo quedan los recuerdos y las imágenes que están plasmadas en esta página recordando la experiencia vivida, sin embargo las imágenes se quedan cortas para relatar todo lo realizado, pero estoy seguro que muchos desearían haber estado allí y estar contando lo que les he narrado.

Yohná - Fotógrafo.

 
 
 
 
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