Las chicas de la webcam: orgasmos a distancia (Segunda parte)
Por: GuiaCereza
Publicado: 29/04/2010 - 15:11 - Edición: Edición 20
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El apartamento en San Juan

En el segundo piso de un edificio en la calle San Juan en Medellín, en un cuarto pequeño, con mala ventilación, el aire muy caliente, desordenado y con una grabadora pequeña sintonizando reggaetón, como cuarto de colegiala, funciona una de las pequeñas oficinas de chicas que se desnudan y se masturban en internet para la página www.webcams.com, que tiene mujeres de todo el mundo listas para meterse un vibrador muy adentro si así es el deseo de quien paga.

En un ambiente muy familiar dentro del apartamento donde trabajan, exento por completo de sensualidad, en donde nos ofrecieron jugo de maracuyá a la entrada como en cualquier visita de tía, se encuentran Valentina y Angelina (nombres acabados de inventar por ellas para la entrevista) quienes cambian de alter-ego en cada sesión de trabajo para evitar la monotonía laboral. Valentina, en este momento, chatea en su página de www.webcams.com como “1SWEETLATINA”, mayúscula sostenida.

Valentina, una niña sonriente, de cara y actitud alegre, con brackets en los dientes y vestida con un bikini camuflado, va para cuarto semestre de Investigación Judicial. Hace dos meses trabaja en esto de masturbarse en cámara frente a extraños por dinero y dice estar contenta. En contraste, Angelina es una chica con mirada imponente y tremendo cuerpo color canela, y una actitud tal vez de mal genio, tal vez sólo cansada por el calor del mediodía, que está vestida con un babydoll transparente negro, y está ubicada en un computador al frente del de Valentina. Angelina maneja todo y lleva 1 año trabajando en el negocio de las webcams para páginas internacionales y dice que no le queda tiempo para nada más.

“La página está “bloqueada para Colombia y sólo se puede entrar a través de una tarjeta prepago que se compra en Estados Unidos”, dicen ellas, pero después de revisar en la página, en la oficina, nos damos cuenta de que se puede pagar normalmente con tarjeta de crédito desde cualquier lugar del mundo.

Angelina conoce más de 50 niñas de Medellín involucradas en el negocio del sexo virtual. Nos cuenta que las oficinas quedan en casas de El Poblado, Laureles, Santa Mónica, el Estadio y Sabaneta. Muy tranquila, mientras se desnuda para un cliente frente a la webcam y estira de algún modo su pierna izquierda hasta el hombro derecho, nos cuenta que la página se encarga de consignarles los pagos, dependiendo del tiempo que duren con los clientes en las sesiones privadas de webcam. “Mi récord fue haber durado con un cliente 57 minutos seguidos. Y luego con otro, 101 minutos”.

Los clientes pagan con tarjeta de crédito. Al ingresar a la página pagan una inscripción de 40 dólares, que da derecho a ingresar a un chat general, donde se puede hablar de temas generales con la chica que se escoja, acompañado de otros 10 clientes potenciales. La chica en el chat general está siempre (medio) vestida y el que quiera verla desnuda y masturbándose, la invita a un chat privado y paga las tarifas de la página.

El tiempo del Chat privado lo maneja el portal automáticamente y los clientes siempre les hablan en inglés, pocas veces en español. Las chicas tienen un traductor de Internet a la mano para que las ayude con el idioma, aunque casi siempre las palabras que se utilizan son las mismas, cuentan ellas.

Desnuda del todo, y con las piernas abiertas, Angelina me sigue contando acerca de su trabajo. Yo estoy sentado frente a ella en una cama, al lado de Valentina, quien continúa vestida con el bikini y alterna su sesión en el chat público de las webcams, con una conversación de Messenger con quienes parecen ser sus amigas de la universidad, sobre temas académicos. El monitor del computador y el ángulo en el que me encuentro, de algún modo logra tapar el torso de Angelina, y sólo alcanzo a ver su cabeza y sus piernas que se estiran y cambian de lado mientras ella me habla con total naturalidad mientras hace su show, como si fuéramos sentados en un bus.

“En promedio, ganamos $1.800.000 al mes, trabajando 6 horas diarias y todo tipo de experiencias pueden pasar en este trabajo. La hermanita de una amiga trabajaba en esto y conoció a un francés y se casó al tiempo, cuenta ella”. La página no les prohibe tener conversaciones personales con los visitantes, desde que se hagan en el canal privado. En el canal público está prohibido compartir información personal.

¿Qué es lo más común que les piden hacer? “Modélame, muéstrame las tetas” dice Angelina. “O a veces piden que la chica se orine, o que se cague… pero eso no lo hacemos. En otras páginas nos pedían meternos una botella por el culo, hay gente muy loca”. Ellas quieren dejar algo muy claro: “estar todo el día modelando frente a una cámara por Internet parece un trabajo fácil, pero una prepago por ejemplo, no serviría para trabajar en esto, ya que muchas se hacen por noche, en promedio, $250.000”.

Angelina nos cuenta que tiene novio en este momento y que está enterado del trabajo de ella. “Antes tenía uno que me dejó por el trabajo que tenía”. “Esto para nosotras es un juego, no es un trabajo normal. A los hombres los hacemos creer que nos vinimos, que tuvimos un orgasmo”. Si a Angelina le ofrecen trabajo en otro lado, no lo haría.


La casa en Prado Centro

En una de las grandes casas del tradicional barrio Prado Centro en el corazón de Medellín, funciona otra de estas oficinas de “chicas de la webcam”, esta vez para la página internacional www.streamate.com

Samantha (nombre escogido por ella para la entrevista), es una mujer joven y bonita de pelo negro y ojos verdes, cuerpo apretado de gimnasio, pechos grandes y muy calmada para expresarse. Habla con propiedad y experiencia de su trabajo, sin los afanes o los modismos propios de una adolescente.

Samantha se enteró de la oportunidad de trabajo por un aviso que escuchó en una emisora hace más de 3 años decía más o menos así: “si eres linda y atrevida, tienes más de 18 años y quieres trabajar desde tu casa por internet, contáctanos”. La entrevista fue en el sector de Las Palmas, y ella estaba muy asustada, por que creía que era para algo con prostitución. “Al principio trabajé acompañada de una chica que asignaron para estar a mi lado para quitar la verguenza, y partíamos los minutos. Éramos 10 niñas”.

Tiempo después, Samantha llegó a estar a cargo de ese negocio gracias a su seriedad y durante estos 3 años ha entrenado a más de 100 niñas para este trabajo. “Cuando entrevisto a una niña, lo primero que les dejo en claro que nada de esto es real, les enseño a chatear en el canal privado y en el canal público de www.streamate.com”. Samantha relata que se ha dado cuenta de que el hombre colombiano, al igual que el argentino, es mal cliente para este tipo de negocios. “Los mejores clientes son los norteamericanos y los españoles”.

Samantha trabaja en la casa de Prado Centro con 10 niñas que están a su cargo hace un año y que siempre utilizan nicks parecidos: “Cositacaliente”, “Hotlatinseñorita”, “Nastygrrl”, o “Colombianita hot”. “Hay gente que cree que las que trabajan en esto son prepagos, pero no. Me gustaría dejar esto muy en claro. Toda la fantasía es a distancia, por internet y sólo por medio de la webcam”. La empresa de Samantha está incluso registrada en la Cámara de Comercio como “servicios de Internet” y todo el software que utiliza está legalizado para evitar contratiempos.

En la oficina de Samantha, que a la vez es la casa donde vive con su madre, normalmente hay 3 y 4 niñas trabajando en la mañana. “Las reglas de la página son claras: no se puede mostrar el cuerpo desnudo en el canal público ni hacerle publicidad a otra página ni tampoco tener marcas de ropa visibles frente a la cámara. Tampoco se pueden dejar los cuartos solos”. En el modo “free”, donde chatea con varios clientes potenciales, están vestidas en ropa interior, ropa deportiva o vestido de baño.

“Lo más raro que nos han pedido es que simplemente fumemos frente a la cámara, y no falta el que pide que alguna chica orine o haga popó y que después se lo coma. Otro quería que una de las chicas se cortara el pecho con un cuchillo y otros han pedido que les salga leche de los pezones”. Para este tipo de situaciones poco comunes encontraron la solución: “tenemos guardados varios implementos, llamémoslos de efectos especiales, para satisfacer estos gustos raros frente a la cámara sin tener que hacerlo realmente; por ejemplo, un pan de maíz, que es oscuro, frente a la cámara parece un pedazo de mierda”.

En promedio, las chicas de www.streamate.com se ganan $1.500.000 mensuales. Cuando le pregunto por su novio nos cuenta: “tenía una vez un novio al que no le gustaba la idea. Un día le conté, como si me lo hubieran acabado de proponer y me dijo que ni se me ocurriera, que me echaba si lo hacía. Él nunca se enteró de dónde sacaba yo tanta plata”.

“Las niñas como trabajan gastan, todas están endeudadas”, cuenta. Ellas dicen que “es plata maldita”, que no se ve. “Había una que se hacía 4 millones de pesos mensuales, le decían La Satánica, escuchaba música metal y siempre vestía de negro en la calle, decían que hizo pacto con el diablo pero era una de las más exitosas y más bonita que he conocido para desnudarse en la webcam”.

En el equipo de trabajo de Samantha hay varias mujeres casadas y con hijos. El promedio de edad va de los 20 a los 25 años y todas trabajan sólo ahí, no estudian, excepto una que estudia Administración de Empresas. Todas lo hacen por trabajo y dicen que unas pocas por placer. “Lo mejor de esto es que manejas el horario y trabajas las horas que quieras y que es un negocio legal. Conozco 10 de estos negocios en Medellín pero sé que pueden ser el doble. Yo no quiero trabajar en un almacén, ganándome el mínimo”.

 
 
 
 
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