Objeto de Deseo
Masajes con final feliz
Valoración: - Votos: 1 - Comentarios: 9
Por: GuiaCereza
Publicado: 01/05/2010 - 14:54 - Visitas: 10320 - Edición: Edición 30
Tiempo estimado de lectura: 38 Minutos

Artículo: GuiaCereza.com
Foto - Ilustraciones: GuiaCereza.com
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En la zona del Centro se concentra la mayor cantidad de salas de masajes en Medellín, seguidos por el sector de El Poblado, Laureles y El Estadio.  Establecimientos itinerantes que cambian de dirección y de teléfono constantemente. Tan sólo en el Centro pueden existir unas 20 salas de masaje, para todos los presupuestos.

Juliana (nombre cambiado) de 21 años recién cumplidos, conoció “a un gringo”, como nos relata en sus palabras, cuando trabajaba como modelo nudista por internet en una página de webcams, trabajo del cual fue despedida por incompatibilidad con sus compañeras de trabajo. “Problemas que nunca faltan con esas malparidas”, nos cuenta con mientras deja ver un poco de su personalidad conflictiva.  Victor Sullivan (nombre cambiado), el gringo,  siempre entraba a su sala privada y gastaba dinero con los shows en vivo.  Ella eventualmente le dio su correo y siguieron hablando por Messenger, hasta que él le empezó a enviar dólares, que ella cambiaba en el banco por pesos, siempre de unos $400.000 pesos en adelante.

El señor Sullivan vino el año pasado, un hombre de 43 años, que poco dominaba el español.  Se quedó en el Hotel Nutibara y sacaba a Juliana a pasear, especialmente a centros comerciales, sitios para ella exóticos como Oviedo, San Diego y El Tesoro.  “Íbamos a comprar ropa y luego me llevaba a Las Palmas a pasarla bien y de ahí para el hotel por supuesto, toda la noche”.  Llevan 2 años de una relación entre virtual y real.

El primer lugar en el que Juliana trabajó como prostituta, por recomendación de una amiga más experimentada que estuvo en el oficio varios años en Panamá, quedaba en un segundo piso del Centro de Medellín.  Habitaciones sin cama, colchones en el piso y recortes de modelos de revista pegados en las paredes como afiches, nos habla del rango de servicio del establecimiento: una de las muchas “salas de masaje” en el Centro. 

El gringo le dice que la quiere mucho y que va a venir en diciembre de este año; es divorciado y tiene dos hijos, una niña y un niño, de 11 y 13 años respectivamente.  La llama al celular todos los días y se comunican por internet durante horas.  Ella lo hace en una sala de internet, donde el minuto de navegación vale $1.000 pesos.  Víctor trabaja en el área de la construcción como contratista. Hoy en día, las reglas del juego cambiaron y ya no le envía dinero tan seguido como antes. Ahora lo hace con la condición de que ella le mande fotos en ropa interior en poses sexy, o completamente desnuda.

Juliana llevaba desempleada 2 años, viviendo del dinero que le envía su novio y que le dan sus amigos.  Tiene una hija de  4 años y en la guardería le dan el desayuno, almuerzo y algo.  “Donde no fuera por eso estaría llevada”.

Suena el teléfono de ella,  es de la sala de masajes en la que trabaja actualmente y le preguntan que por qué no fue a trabajar: les contestó que había venido a tomarse unas fotos para unos documentos. “No quería ir a trabajar hoy”, fue su respuesta cuando le preguntamos que por qué les había dicho eso.  Sigue la rebeldía.

Juliana trabajó en “Traviesas” (nombre cambiado) en El Centro,  en la calle Echeverry con Chile, una de tantas salas de masajes. Su comentario respecto al personal con el que trabajó es contundente: “gas eso allá, qué gurres de viejas sinceramente. De verdad”.   Su horario de trabajo era de 9:00 de la mañana a 7:00 de la noche.  El almuerzo lo compraban por ahí, pedían a domicilio.

“Llegué a trabajar a Traviesas y conocí a su administradora. Qué vieja tan odiosa y tan uich, se cree el centro de atracción la estúpida esa. Me miró de arriba para abajo y me dijo que sí, que me podía quedar.  Nos advertía que no llegáramos tarde, para pedir cualquier permiso ponía mucho problema la malparida”.

En Traviesas, las condiciones de seguridad y salubridad son mínimas. “Cuando estuve trabajando allá no me hicieron ningún examen de nada, ni me lo exigieron.  Tan sólo me pidieron la cédula para confirmar que era mayor de edad, no firmé ningún papel”.  ¿Uso del preservativo?  “Es obligatorio, aunque de puertas para adentro no se sabe quién lo aplica y quién no y aparte de eso nos los cobran a $1.500 por cada condón, cuando a ellos se los dan gratis en Profamilia.  Cuando los hombres terminan, les quito el condón, lo amarro y lo boto a la basura.   Un día a un señor le cogí el condón y se me chorrió… me ensució toda la mano”.

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Foto - ilustración: GuiaCereza.com

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Un día normal en Traviesas puede recibir hasta 50 hombres, aunque no todos son clientes.  “No todos se quedan,  llegan muchachos muy  jóvenes, miran y se van.  Por encima se les ve que no tienen ni un peso y muchos con cara de menores de edad, igual los dejan entrar”.

Juliana trabajó en Traviesas durante 15 días.  Media hora de “masaje” vale $25.000, de los cuales ellas reciben $17.000 y una hora cuesta $40.000, de los cuales ellas reciben $23.000, tratando con una fauna muy variada  “hasta gamines y muchos tipos feos”.

El proceso para seleccionar a las mujeres disponibles, como cliente, es sencillo. “Llega alguien, se sienta en una sala chivetiada más fea que… horrible.  Sale la patrona, lo atiende y le dice que le va a mostrar las muchachas.  Todas salen a presentarse en ropa interior o baby doll.  Están todas en una salita pequeña, en ropa interior, viendo televisión, noticias, novelas…  yo mientras tanto escuchaba música y jugaba en el celular.   Trabajé con ocho mujeres, siempre eran las mismas pero qué gurres, cuál de todas más fea.  Está bien que yo sea flaquita, pero las otras estaban como anoréxicas”.

El cliente entra a la habitación para recibir el masaje, se quita toda la ropa y se acuesta boca abajo. La masajista se sienta encima de él y comienza a frotarle la espalda con un aceite y con un rodillo masajeador de plástico, el mismo que usan para todos.  “Después, toca bajarle un rato a hacerle sexo oral, con condón, claro… pero no falta el hijueputa que te dice que le hagas sin condón, que te da más plata… pero gas, qué tal una enfermedad en la boca, o abajo también, no, qué miedo.  La mitad del tiempo se va haciendo el masaje, aunque hay unos que llegan directo.  Un día llegó un muchacho muy lindo, el único.  Todo lo tenía bueno y todo lo hacía bueno… me pidió el teléfono pero no se lo di, me dio cosa”.  Si el cliente la pide, le prestan una toalla para ducharse después del sexo, aunque le toca pasar en toalla por la salita donde todas descansan.

El otro día, Juliana recibió una visita inesperada.  “Llegó un viejito de por la casa, un vecino.  Menos mal que no me alcanzó a ver y tuve tiempo de esconderme en el baño mientras lo recibían en la sala, qué tal.  Quien lo ve tan serio con la viejita, dizque tan fiel.  El hombre más mayor con el que he estado, es de unos 45 años.   Me ha tocado hacer literalmente de todo”.   ¿Anal? Le preguntamos. “Anal no, qué tal, nuuuu.  Ni aunque me paguen bastante.  Me han dicho que duele mucho, voy  a quedar virgen del culo toda la vida.  Ni lo pienso intentar.”

¿Qué es lo más raro que te han propuesto trabajando? 
“En Traviesas, un tipo con cara de feo me dijo que solamente quería verme mientras me pintaba los labios de rojo.  Lo hice y se masturbó viéndome mientras me pintaba.  Ni siquiera me tocó.” 

Más adelante nos confiesa que tiene otro novio, en Medellín, aparte del gringo inicial.  “Tengo  novio en este momento, hace año y medio.  No sabe en lo que trabajo, donde se entere me mata.   Le digo que trabajo en un almacén en Envigado.  Estoy peleada con él, no es el papá de mi hija.  Tiene 29 años”.

¿Sientes algo cuando estás con un cliente?  ¿Emoción, placer? No siento absolutamente nada, es algo mecánico, un vacío. Sí siento cosas cuando lo hago con mi novio.  Trabajando nunca he sentido nada.   Con amigos sí y con mi novio también”.

Finalmente, Juliana renunció a “Traviesas”  por las condiciones tan estrictas de trabajo que llevaba: “me salí porque una semana que mi hija estuvo enferma, pedía permisos para poder irme y llevarla al médico y la estúpida se emputaba, me decía que escogiera entre la hija y el trabajo… y al final ni me daba el permiso, aparte que me pagaban muy poquito.  En esa sala de masaje todas miraban muy feo, mucha envidia, el ambiente era pesado entre todas.  En total estuve con 8 hombres diferentes, en los 15 días que duré trabajando allá”.

Pink Room, segundo intento
Juliana entró a trabajar en el Pink Room, (nombre cambiado) hace sólo un par de días, gracias a una curiosa forma de márketing:  un empleado de Pink Room fue a Traviesas en el centro como cliente y le pagó por una hora de servicio. Una vez adentro, la convenció de que se fuera a trabajar con ellos.  No tuvieron sexo, no se quitaron la ropa.  El hombre le dejó una tarjeta de presentación del sitio y se fue. 

Juliana fue a conocer el nuevo sitio, ubicado en Laureles. “Esas instalaciones son una belleza.  Para trabajar allá me pidieron exámenes de todo: de SIDA, neurología (nota del editor: ¿serología?), flujo vaginal, embarazo y la cédula, allá mismo me pagaron los exámenes y me dan $6.000 diarios para pasajes.  Para irme a trabajar cojo el Laureles 092 al frente de la Iglesia de San José y para venirme igual.  Allá estoy desde las 11:00 a.m. hasta las 9:00 p.m. y llego muy agotada a lavarle el uniforme a mi hija, a comer y a lavar ropa”.

Nos cuenta que el Pink Room es una casa grande y bonita.  Para empezar, cada habitación tiene cama (una mejora indudable frente al colchón en el piso), televisor con pantalla de plasma, equipo de sonido y baño. “Todo huele bien allá, es muy lindo todo”.

Los carros de los clientes quedan parqueados afuera en la calle y ellas siempre ven qué hombres llegan desde el monitor conectado a la cámara de seguridad.

“Al Pink Room sí van hombres papasitos, buenos”.  ¿Estudiantes?, le preguntamos. “No, qué va, sólo ejecutivos, se les ve la clase, los carros en que llegan.  Hay 2 habitaciones para todas, con cocina y una salita con un tv de plasma.  Aparte de eso nos regalan los condones y las toallas en caso de que nos queramos duchar, en el anterior si necesitábamos una toalla  nos tocaba traerla de la casa”.

Los permisos de salida para las trabajadoras sexuales en el Pink Room son más flexibles; sin embargo, si una de ellas falta un día sin alguna excusa válida, debe pagar $20.000 de multa.  Por una sesión de “masajes” con el cliente, les pagan $40.000 y hasta el momento, Juliana no sabe cuánto cobra el sitio realmente por la hora puesto que el dinero no lo reciben ellas directamente, podría ser mucho más.

“Las peladas de allá son creiditas, hay una ensiliconada. También hay una gorda con silicona en el culo, muy creída. En total somos 5, de ellas, sólo una es caribonita, la ensiliconada.  Todas son muy marigüaneras, horrible.  Casi todas son de barrio popular, al igual que en la sala de masajes anterior. Se la pasan fumando marihuana adentro, mientras esperan a los clientes… a mí no me han ofrecido todavía”.

En el momento de la entrevista, a Juliana no le había tocado atender a ningún cliente aún en el Pink Room.  “Allá entre todas hacemos el almuerzo en la cocina y almorzamos juntas.  La nevera siempre está llena y de ahí sacamos las cosas para almorzar.  No son chichipatos. Ayer hicimos sudao de almuerzo”. 

A Juliana no le gusta su trabajo y cuenta que debe hacerlo para cuidar de su hija.  “Muchos clientes preguntan lo mismo, por qué hago esto, por qué no busco otro trabajo.  Llegan a juzgar esos hijuemadres, a ‘tratarnos de hacer aterrizar’, ¡qué ternura! ¿Entonces quién paga la guardería, la comida en la casa, los servicios?  Me gustaría estudiar medicina forense algún día, me gusta mucho ver muertos, no me da miedo, es algo que me obsesiona, pero también quiero encontrar un hombre que me mantenga y que me trate bien.   El novio me trata bien, pero me echó la semana pasada.  Es un infantil, muy celoso.  No quiero volver con él. No me gustan los hombres intensos ni celosos.  En este momento vivo con mi papá y con mi hija. Mi papá es comerciante y no sabe en lo que trabajo”.

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Foto - ilustración: GuiaCereza.com

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El vendedor de tangas
Don Juan Guillermo trabaja vendiendo tangas a las salas de masajes en Medellín, especialmente en el Centro que es donde está la gran mayoría de establecimientos.  En su recorrido, nos cuenta lo que ve a diario:

“Hay unos sitios muy grandes, como “Cortesanas” (nombre cambiado) en el que trabajan unas 16 muchachas.  Trabajan en turno de 9:00 a.m. a 2:00 p.m.  Todas estas peladas no pasan de 25 años, hay dos o tres que ya están muy acabadas… con las tetas caídas, con estrías… por eso les encanta ponerse una malla negra enteriza, para disimular”.

“Cuando voy con las tangas para la venta se desnudan delante de mí y me hacen comentarios como ‘mire, yo tengo la nalga chiquita, qué me favorece´.  Estas salas de masaje tienen una cámara en la puerta, con un monitor miniatura que revisa quién entra. Tan sólo dicen ´niñas, un cliente´, aplauden y todas van saliendo, una por una, como en matadero y se presentan. Desfilan únicamente con tangas y un sostén pequeño para convencer al cliente, aunque la idea que tienen es seguir saliendo uniformadas.”

Algunas veces las mismas masajistas rechazan a un cliente potencial o simplemente se esconden, cuando alguien no les gusta, gracias a las cámaras instaladas afuera.  “Un día me tocó ver que llegó un tipo muy cabezón, deforme, muy feo, calvo con pedazos largos de mechón y pedazos despoblados.  Ellas lo vieron desde afuera y lo juzgaban, lo criticaban entre ellas.  Entró y las llamaron a desfilar, ninguna quería salir, sólo se le midieron las más feas”.

Los clientes escogen a su acompañante ocasional, y la administradora les proporciona a las empleadas un condón y una botella de aceite Johnson, para que les haga el masaje.  “Casi siempre veo que entran señores de mi edad, de 50 años en promedio.  Algunos parecen obreros, llegan hasta con la coquita del almuerzo”.

“Hay una mona muy bonita, con el pelo como Ana Sofía Henao, dientes bonitos, pero ya ha tenido como 2 ó 3 hijos.  A pesar de que el pezón es rosado, bonito, esas tetas son caídas y con estrías a los lados.  También hay una negra hermosa, la que más piden.  Me encarga tangas pero casi nunca la encuentro, todo el tiempo está en servicio”.

Un establecimiento en especial llama la atención de Don Juan Guillermo.  A primera vista, parece un salón de belleza, con espejos grandes, letreros que invitan a hacerse un lifting facial, sillas y equipo de peluquería.  Pero no hay nadie motilándose.  Sólo algunas mujeres jóvenes arreglándose las uñas, ellas mismas.

"Pasas una puerta y ves una sala con televisión por cable y muchas revistas, donde ellas se distraen. A cada mujer le asignan una pieza con camilla, que es donde llevan al cliente.  Cada una guarda su ropa en los closets y se echan la siesta ahí.  Algunas incluso parece que vivieran ahí, porque tienen mucha ropa.  Yo creo que se arepean, porque se la pasan tocándose y mirándose”.

En esta sala de masajes en particular, los clientes tienen la opción de estar con dos mujeres al tiempo por $50.000. Si toman este servicio especial, reciben una boleta de una rifa que juega con los números ganadores de la Lotería de Medellín, para ganarse el premio de media hora gratis con una de las mujeres que allí trabajan.  El talonario es el mismo que utilizan en los colegios para hacer rifas, que venden en las papelerías.   Llenan los datos de los participantes y reciben su boleta, de dos cifras.

Don Juan Guillermo conoce incluso algunas salas de masaje que denomina “con altos estándares de calidad” en el sector del Centro.  “Para mí una que se llama “Sándalo” es la mejor.  Tiene señales de evacuación, rutas, habitaciones diferentes una de la otra, todo es muy organizado, las toallas parecen nuevas, las muchachas son muy bonitas y salen bien organizadas, no salen como si estuvieran recién levantadas y maquilladas de afán y tiene unas pantallas donde proyectan porno, grandísimas... provoca quedarse ahi todo el día".

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breiner dice:

oye to nunca e culiado enceñame tu q eres linda


15/05/2010 - 20:32
 
 
 
 
juanchoh dice:

Una vida dura....!!!!


21/05/2010 - 01:06
 
 
 
 
Bose01 dice:

muy tenaz una vida muy pesada


21/05/2010 - 09:52
 
 
 
 
ZEMARIO dice:

el sacrificio es grande siempre y cuando la causa se justa y real porque hay un poco de pecuecas malparidas que son unas atarvanes


22/05/2010 - 15:45
 
 
 
 
dice:

ESTAS VIEJAS SON UNAS BERRACAS, LO QUE HACEN PARA CRIAR A SUS HIJOS


23/05/2010 - 15:26
 
 
 
 
PielMorena dice:

ES DURO VER HASTA DONDE NOS ESTA LLEVANDO LA  ECONOMIA NACIONAL, DESAFORTUNADAMENTE LOS POLITICOS PIENSAN EN SU BENEFICIO Y NO EN EL DEL PUEBLO.

ES DE ADMIRARSE EL TRABAJO DE ESTAS NIÑAS.... TIENEN MUCHA ALMA PARA ENTREGAR SU CUERPO POR SACRIFICIO.


30/05/2010 - 10:18
 
 
 
 

Y ASI DICEN QE MUJERES DE LA VIDA FACIL ,COMO SERA DE FACIL MAMARSELO A UN HP BORRACHO A LAS 2 O 3 AM??????


09/06/2010 - 08:58
 
 
 
 
dice:

ole demaciado rico ese masaje con final feliz

 


08/11/2010 - 10:57
 
 
 
 

Mucha fuerza y voluntad para Juliana... No es fácil, llevo en el medio más de un año y es una vida que exige mucho!


15/11/2010 - 02:02
 
 
 
 
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