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Yo salí con una barbie
Alucinación periodística
de un fulano que conoció a la muñeca
más famosa del mundo
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Vaya,
se habia vuelto una deuda casi moral con nuestros
lectores ofrecer las fotografias individuales de Diana,
la gran favorita de GuiaCereza desde
aquel famoso articulo publicado hace meses donde festejábamos
la alianza con nuestros hermanos de la revista THE
SITE (click). Pues
bien, Diana ha regresado. Denle por favor la bienvenida
que se merece.
Diana es toda una Barbie, pero no nos digamos mentiras:
no todos podemos salir con una. Aprovechando la ocasión
tan especial, pues aquí va una reflexión
bastante bizarra sobre el tema. La verdad y pensándolo
bien, no lean el artículo, es bastante flojo.
Aprovechen mejor esos valiosos segundos y aprecien
las fotos de Diana un momento más. :-)
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Fotógrafo:
Rafael Cárdenas
Producción: Beto – The Site y GuíaCereza.com
Modelo: Diana
Peinado: José Antonio Ospina >> www.guiacereza.com/joseospina
Maquillaje: Gloria Osorio (José Ospina Peluqueros)
Body Art: Edwin (Pink Tatoo – Oviedo)
Articulo: Pablo Kawaii / editor@guiacereza.com
Pocas
rubias fueron más famosas que la Barbie en el siglo
pasado: Marilyn Monroe o Madonna vienen a la cabeza (ambas
rubias artificiales). Parece una afirmación poco
seria, pero las cifras lo prueban: desde 1959 se han vendido
más de mil millones de muñecas Barbie en 140
países del mundo (cifras de Mattel, la casa fabricante).
Si se alinearan todas las muñequitas juntas, le darían
siete veces la vuelta a la Tierra. ¿Cómo sería
la vida de los humanos en el mundo de Barbie?
Primer
consejo: no se ponga la ropa de Ken (su amigo), con camisas
azules a rayas de marinerito, bufanda con estampado de flores
amarrada al cuello y pantalón y zapatos blancos con
flores hawaiianas. ¿Tendría que recogerla
en la casa? Ella maneja un convertible rosado, puede recogerme
sin ningún problema, creo que no soy machista.
¡Llegó!
1.82 metros de estatura, rubia y vestida como para ir a
una fiesta en el 2016. Espera afuera de mi casa en su convertible,
adornado delicadamente con unas orquídeas pintadas
que le hacen juego. ¿Qué le digo?
-Periodista (entrando al carro)... “Hola Barbie, tremendo
automóvil”.
-Barbie: (sonríe mirando al infinito con sus ojos
verde-crayola). No dice nada.
-Periodista: “¿Qué cuentas de nuevo?
Escuché esta mañana que los últimos
movimientos accionarios de Mattel han subido en un 3.5 %
gracias a las ventas de fin de año. ¿No te
sientes satisfecha de tus logros profesionales?
-Barbie (Sonríe mirando al infinito). No dice nada.
-Periodista (pensando que tal vez el tema fue muy pesado
o muy ñoño para iniciar una conversación
con una desconocida)... “¿Y a dónde
vamos a ir a comer? ¿Te gusta el Sushi? ¿Bar
karaoke?”
-Barbie: (sonríe mirando al infinito). No dice nada.
De repente, el convertible rosado toma movimiento por sí
mismo con torpeza (y juraría que el sonido del automóvil
es idéntico al de una niña tratando de emular
un motor (Vrooom... Vrooom). No llegamos a ningún
restaurante ¡sino directamente a su casa! (“Tal
vez es más liberal de lo que imaginaba”, alcancé
a razonar.) Barbie vive en una mansión blanca con
el techo rosado y sin paredes: el interior de la casa se
puede ver desde la calle (lo que me pareció peculiar
y hasta con un tinte voyeurista), a lo cual comento:
-Periodista: “Interesantísima la propuesta
arquitectónica de tu residencia.... ¿Bauhaus?
¿Art Nouveau? ¿High Tech? ¿Deco?”
(Imaginé que como muchas mujeres, Barbie estaría
más que complacida por alguien que se interesara
en el diseño interior de su casa, así que
me felicité por adelantado).
-Barbie: (Sonríe mirando al infinito). No dice nada.
-Periodista: (realmente incómodo) “Oye Barbie,
y me imagino que al menos años de trabajo costaría
imaginar una casa como est... (Paré de repente, por
que parecía que Barbie iba a decir algo).
-Barbie: (Sonríe mirando al infinito). No dice nada.
Pero se baja del carro y se dirige (cosa curiosa: caminando
empinada) hacia la puerta de su casa y me guía hacia
la cocina.
Después de comer (más bien tragar) una pizza
de plástico y agua servida en unos vasitos fluorescentes,
Barbie se paró de la mesa (sin decir una sola palabra
y siempre sonriendo) y se fue caminando empinada hacia su
cuarto, imagino que a dormir. Yo me quedé ahí,
sentado en el comedor mirando hacia la calle, acariciando
un perro lanudo (la mascota de Barbie) que curiosamente
ladra si aprietas un botón en su espalda. Estuve
ahí hasta la madrugada pensando en la cita más
absurda que he tenido en mi vida, y concluí algo
antes de irme a pie para mi casa...
Pobrecito Ken.
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sus comentarios sobre este artículo a:
editor@guiacereza.com
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