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El Carrusel de la contratacion
Por: Julio08
Fecha: 17/01/2012 - 19:28 - 7 Comentarios - 4036 Lecturas
Calificación: (4 Puntos / 10 Votos)
Tiempo estimado de lectura: 48 minutos.
En algun lugar de Colombia... cerrando el contrato en El Carrusel... al lado de mi esposo

-"Mucho gusto, Carolina Piedrahita", le dije al Secretario de Gobierno de la Alcaldía de uno de los hermosos municipios de nuestra Colombia, pasándole mi mano derecha y sonriéndole de manera amigable.

De inmediato el doctor Gómez me esbozo una sonrisa cómplice. Por un lado parecía amable y de confianza, pero pude leer perfectamente en su mente lo que de mi, en ese momento inicial presentándonos, el pensaba.

-"El gusto es mío, señora Piedrahita", respondió, invitándonos a mi esposo y a mi a sentarnos, mientras el descaradamente, en esos escasos 2 segundos, me miraba cuidadosamente de arriba a abajo.

Tengo que admitirlo. El tipo me movió el piso. Su sonrisa, su cara, su mirada, sus 40 o 43 años. No se, algo especial se notaba en ese hombre que me impacto. Y mucho más cuando el Doctor Gómez era el encargado de recibir las ofertas publicas para la licitación en la que participaría Julián, mi esposo.

Un cordial y amable charla de 10 minutos en la que Julián, le explico como nuestra empresa podía hacer parte de las firmas a ser tenidas en cuenta en esa licitación, donde la Alcaldía buscaba la adecuación de nuevas aulas escolares. Tiempo suficiente para que el Doctor Gómez lo escuchara y de paso, sutilmente me observara, mientras yo en silencio los miraba a ellos hablar del tema.

-“Listo Ingeniero Villa… les avisare de cuando empieza el proceso de evaluación de ofertas… y lo felicito por tener a su lado a tan bella dama…”, dijo el Doctor Gómez poniéndose de pie, dándonos a entender que el tiempo de charla se había acabado y que mi femenina presencia le había llamado la atención.

Claro, su cordial y amigable piropo, llenaba de orgullo a mi esposo.

-“Gracias Doctor Gómez… muy amable y que tenga buen día”, le dije poniéndome de pie también y dándole mi mano para despedirme.

Sentí un delicado cosquilleo mientras nuestras manos se juntaban de nuevo. Algo en ese hombre me gustaba.

Los 4 o 5 metros de separaban su mesa de despacho, de la puerta de su oficina, los camine presintiendo que los ojos del doctor Gómez no se separaban ni un segundo del movimiento de mis nalgas.

El sabia que tenia que esperar, mientras se deleitaba observando la forma de mis piernas, mi cadera y el cadencioso y sexy movimiento de mi cola al caminar.

Tan pronto Julián y yo salíamos por la puerta, el Doctor Gómez me llamo por mi nombre:

-“Carolina... olvidaste tu blackberry”, grito el.

Gire y voltee a mirar de nuevo hacia donde el estaba, y me di cuenta que había olvidado mi blackberry sobre su escritorio.

Camine de regreso hacia el, viendo de primera mano como el Doctor Gómez me miraba de arriba abajo.

Nuevamente estire mi mano para recibir mi blackberry y de nuevo sentí una extraña sensación de confianza al lado suyo. Algo en ese hombre, me gustaba.

-“Con una esposa así de secretaria, yo trabajaría 100% solo para ella”, me dijo el discretamente en voz baja.

-“Gracias doctor Gómez”, le dije riéndome por su atrevido comentario.

Nuevamente me voltee de regreso a la puerta y sentí perfecto como los ojos del doctor Gómez no se separaban ni un segundo del movimiento de mi trasero.

Mido 1.77 de estatura, de piernas largas y bien formadas, con muy buena cola y cadera estrecha. De busto pequeño, mis pechos no eran nada robustos y realmente tenía poco que mostrar. Viviendo en el Valle del Cauca, o mejor, en el Valle de la Silicona, nunca me había interesado en hacerme la cirugía de aumento de busto y me sentía muy orgullosa de mi cuerpo. Como decía uno de mis amigos de confianza “… como a Dios se le olvido ponerte tetas Carolina, a cambio, te bendijo y te puso ese culo y esas piernas de ángel…”.

Nacida en ese corralito de piedra hacia 33 años, llevaba ya 5 años de feliz matrimonio al lado de Julián, ese caleño que conocí en una fiesta de una amiga en Palmira. El, ingeniero civil, 2 años mayor que yo, hijo de una acomodada familia caleña, había caído rendido a mis atributos físicos de esta carismática mujer costeña, mientras yo hacia un postgrado en Finanzas en una prestigiosa universidad de Cali. Llevaba apenas 6 meses viviendo en la rumbera Sultana del Valle, dedicada a mi estudio, sin novio, ni hombre al cual rendirle cuentas. Salía con amigos de la U y una vez al mes las noches de rumba las mezclaba con una deliciosa verga caleña en mi apartamento.

Al igual que lo hacia con ellos, le acepte a Julián la propuesta de ir a uno de los moteles de Yumbo. A partir de ese momento vinieron 11 meses de intenso noviazgo enmarcados por dos actividades, estudio y sexo. De día, yo iba a mis clases en la Universidad. De noche, dos o tres veces a la semana, el me visitaba en el apartamento donde vivía y siempre me daba el beso de despedida después de dejar mis tesoros llenos de su fresca leche caleña. Durante esos 11 meses tuve la dicha y la fortuna de disfrutar las mieles de sentirme consentida plenamente por Julián, y recibí su propuesta de matrimonio. Lo pensé bien y tome la mejor decisión. No era boba, el acomodado y con dinero, y yo estudiante de postgrado, con deudas y viviendo lejos de mis padres y hermanos, con buen cuerpo y espantando hombres por montones, que se veían atraídos por mis atributos físicos de mujer cartagenera.

Habían pasado 5 años en los que Julián y yo, formábamos una pareja, una familia y un equipo. 5 años entregados el uno al otro, dedicados de lleno a nuestra pequeña Valentina, de 4, nacida producto de esa fantástica luna de miel en Cancún, México, el que Julián y yo, olvidamos los esquemas y nos entregamos de lleno a satisfacer nuestras necesidades y curiosidades sexuales. 5 años en el que yo le colaboraba como gerente de proyecto en su pequeña, pero exitosa empresa familiar.

Ese día, tenía puesto un ajustado pantalón rojo. Mis largas piernas y mi moldeado trasero sobresalían majestuosamente detallados por la apretada y femenina pieza. Mis paradas y bien formadas nalgas quedaban marcadas como un suculento durazno, esperando ser devorado por la boca y la verga de un hombre.

Nos subimos al carro ya para salir de regreso a la casa, cuando Julián me comento sus sospechas:

-“El Doctor Gómez casi te come viva…”, dijo riéndose burlonamente.

Me reí, sin decirle nada por el piropo del blackberry.

-“Te gustaría volver al vernos con Víctor y Lorena?”, pregunto el.

Guarde silencio por unos segundos.

-“Si... deli… aunque no quiero sentirme presionada… ya sabes amor…”, agregue colocando mi mano sobre sus piernas mientras el manejaba.

Hacia un año habíamos ido a un bar swinger. Más por las ganas de Julián que mías. Vimos, observamos, curioseamos y conocimos a una pareja con la cual se estableció una sólida relación de amistad. Víctor y Lorena, caleños con experiencia. El de 40 años, comerciante y ella con la misma edad mía, de 33, empleada bancaria, con dos hijos de 8 y 7 años de edad. Salimos un par de veces, en plan sano y una sola vez, una noche de Marzo, producto de la mezcla peligrosa de tragos, la corta falda de Lorena y su bien escotada blusa, mi minifalda, mis tontos e inmaduros celos, y el calor de la noctámbula rumba caleña, terminamos en la alcoba de un motel, yo, desnuda, tirada sobre una cama, entrepiernada con Víctor, mientras su verga cubierta con un condón y enterrada en lo profundo de mi sexo, disfrutaba de mi estrecha vagina cartagenera, mientras en el jacuzzi, Julián se complacía a pleno con el voluptuoso y siliconado cuerpo de Lorena.

Después de esta salvaje experiencia, que Julián y Víctor disfrutaron a sus anchas, yo me sentía no muy animada a volverlos a ver. No lo niego, disfrute deliciosamente en esa cómplice cama del motel ser consentida por un hombre 7 años mayor que yo. La grotesca verga de Víctor y sus masculinas caricias por mi desnudo cuerpo, aplacaron por completo la envidia y la rabia que me daba ver, ahí a mi lado, como Julián, mi esposo, le hundía repetidamente su rica verga a Lorena. Sus exuberantes tetas, llenas de silicona, la habían ver como una falsa diosa. Y me daba envidia. Mis pechos, diminutos y flácidos, pasaban desapercibidos para cualquier mirada. Pero mi firme cadera, mi moldeado trasero y mis piernas de mujer costeña, daban la batalla ante el exigente jurado masculino caleño. Y esa noche, Víctor no fue la excepción.

En ese momento, Julián me expreso con su comentario, su vivido recuerdo de ese caluroso y salvaje intercambio de pareja.

-“Sabes muñeca como disfrute al máximo viéndole la cara a Víctor cuando el te lo estaba haciendo por detrás… con las ganas que ese man tenia de metértela por el culo… ufff… me pongo arrecho de recordar esa escena”, dijo Julián.

Ambos nos reímos. 

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Dos semanas después de haber entregado la oferta, el Doctor Gómez se apareció sorpresivamente temprano en la oficina. Como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, yo acababa de llegar de mi clase matutina de aeróbicos. Mi ajustado pantalón deportivo de lycra gris moldeaba perfecto mis largas piernas y mis dos paradas nalgas cartageneras sobresalían majestuosas para el deleite de un hombre. Y ahí estaba el, en esa mañana calurosa de Viernes, para mirarme. Su corto saludo y una extraña sensación de falso afán, me dieron a entender otra cosa.

-“Ingeniero Villa… quiero ver si podemos hablar en privado… de pronto vámonos a tomar algo y le hago unos comentarios de su oferta… y bueno chévere que Carolina nos acompañe a ver que opina ella”, dijo el.

Así ocurrió. Nos fuimos los tres en su costosa camioneta 4x4 y fue mas obvio como el, ya atrevidamente, me miraba. Al bajarme del carro, me sentí incomoda al no haberme cambiado el sexy pantalón de lycra gris del gimnasio. Mientras Julián caminaba entrando a la frutería, los ojos del Doctor Gómez estaban deleitándose, fijos, observando mis paradas y moldeadas nalgas, destacadas aun mas por la apretada prenda deportiva. Ya en la tienda, tomándonos un fresco de Canela con un exquisito pandebono, como era de esperarse, el Doctor Gómez le comento a Julián que habían otras ofertas mas baratas que la nuestra, pero que le gustaría escuchar si había la opción de arreglo.

Obvio, el factor CVY o ‘Como Voy Yo’. Se hablo de dinero y se llego a un posible acuerdo, aunque el Doctor Gómez no se veía satisfecho con la suma que Julián le pasaría por debajo de la mesa para quedarse con el contrato de las aulas escolares.

En un momento, el celular de mi esposo sonó y el se paro de la mesa, haciéndose a un lado.

-“Y cuanto llevan de casados Carolina?”, pregunto el Doctor Gómez sorpresivamente, cambiando de tema.

-“5 años… 5 maravillosos años… tenemos una nena de 4 años de edad, una empresa prometedora y muchas ganas de salir adelante”, conteste sonriéndole.

-“Que bien… los felicito… con una mujer como Carolina al mando de la empresa por supuesto les tiene que ir bien… además, el ingeniero Villa debe sentirse muy orgulloso y muy afortunado por tener una bella esposa así de dedicada a los negocios…”, comento el Doctor.

Sonreí y sentí en el ambiente que el estaba por decirme algo importante.

-“Tener el placer de trabajar con una mujer como Carolina, créame que es de unos pocos… tener el placer de envidiar a su esposo, créame que es de muchos… pero tener el honor de invitarla a salir a almorzar, créame que es solo mío”, dijo el formalmente.

Guauuu. No sabia que decir. Me quede muda. Me movió el piso de nuevo escuchar al Doctor Gómez hablar de mí de esa forma. Se le notaba que lo decía con honestidad. Se le notaba que le salía del alma. Se le notaba que el hacia lo que fuera con tal de salir comigo, solo para disfrutar de mi compañía. Se le notaba que yo también le movía el piso.

-“Gracias Doctor”, respondí sorprendida por sus encantadoras palabras, que se notaba le brotaban de lo profundo de su ser.

-“Uyy que rico fuera… chévere que salgamos a comer y a concretar el negocio… y deli una rumbeadita después… yo, sin dudarlo, me dejo atender de un caballero como lo es usted Doctor…”, dije poniéndome de pie y viendo como el, aun sentado descaradamente, bajaba su mirada y se quedaba mirándome la parte frontal de mi apretado pantalón deportivo, la cual marcaba muy sutilmente como mi delicada tanga destacaba esos gruesos labios vaginales que enmarcaban mi tesoro.

-“Si se da el negocio, usted pídame lo que quiera… con confianza… ustedes firman los papeles del contrato y usted pídame lo que quiera Doctor”, le dije sonriendo.

El, nervioso por mi comentario, finalmente se puso se pie.

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Dos meses después de lanzada esa promesa en la cafetería, ese sábado en la noche, entre a la amplia alcoba y vi la bandera del America de Cali colgada de la pared con esas 13 brillantes estrellas. A la derecha, una amplia y cómoda cama, bien preparada, con limpias sabanas blancas y dos grandes almohadas. A su lado, una mesita de noche hecha de grueso bambú, sobre la cual un luminoso reloj digital marcaba las 12:32 am. Una hermosa foto del Doctor Gómez, con su hijo Manuel y Beatriz, su exesposa, adornaban la mesa. Al lado del espejo, un gigante diploma como miembro honorario de la Junta de Acción Comunal de la vereda El Carrusel.

Luego sentí ese maravilloso cosquilleo de nuevo. Sus veteranas manos se posaron por primera vez sobre mi espalda, y como sin creerlo, bajaron dudosas por mi moldeada cintura y mi cadera.

-“Que culazo y que piernas tan divinas tienes, Carolina… no me joda”, susurro el a mis oídos mientras sus dos manos se posaban generosas sobre mis nalgas.

Pasaron 5 minutos, ahí de pie, donde el solo alababa con maravillosas palabras mis firmes y tonificados muslos, la redonda forma de mi sexy y atractivo pompis cartagenero, mientras sus manos me acariciaban sin descanso, y me despojaban de la blusa y el brassier que esa noche lucia.

-“Desde el primer día que la vi en mi despacho con ese pantalón rojo, me di cuenta que esta hermosura de culo merecía una atención muy especial”, dijo el Doctor Gómez dejando que la minifalda cayera el piso.

-“Pero el día que la vi con esa trusa de Yoga gris apretadita, me convencí de que darles el contrato a ustedes me ponía mas cerca de poner mis manos y mi verga en este trasero de diosa”, expreso el bajando su cabeza y viendo como la fina tanga blanca tipo hilo dental escasamente cubría mi tesoro.

-“Me das el honor preciosa de bajarte esa tanguita?”, pregunto el arrodillándose como explorador de tesoros, dándose cuenta de que tenia en frente suyo a uno de los mas valiosos encontrados en su camino.

Me voltee de frente hacia el espejo dándole mi espalda para darle gusto a sus deseos. De paso mi sexy y parado trasero quedaba solo expuesto a sus ojos.

-“Si claro doctor”, respondí riéndome por su actitud.

Sentí como sus manos se posaron en mi cadera y mi tanga blanca salio con cierta dificultad, cayendo lentamente por mis piernas.

-“erghhhh… miren esta belleza diosito lindo…”, dijo el abriendo con sus manos mis paradas nalgas y dando un corto lamido con su boca en mi vagina.

Los siguientes 5 minutos, el ahí, arrodillado y agachado, disfruto del dulce sabor de mis gruesos y bien pronunciados labios vaginales, empezando a estimularme por igual mis dos ocultos tesoros.

Se sentía diferente. Se sentía especial. En esos 5 minutos me di cuenta como el intensamente me deseaba y magistralmente su áspera lengua así se lo expresaba a mi vagina.

Ya completamente desnuda, bien excitada, húmeda, y embelezada por sus piropos, le pedí que se pusiera de pie, me voltee y me agache a quitarle sus pantalones, los cuales tenían ese notorio bulto entre las piernas. Le baje sus calzoncillos matapasiones de pepas negras de hombre de campo valluno divorciado y me metí a la boca su grueso y limpio miembro para darle una buena mamada, antes de empezar la noche.

Tan solo llevaba escasos 30 o 40 segundos chupándosela cuando el Doctor Gómez expreso lo que realmente quería:

-“Pare mamasota que me vas a hacer derramar… y yo lo quiero es venírmele cuando la tenga adentro de esa cosota”.

Me puse de pie y camine hacia la cama, presintiendo que era lo que el Doctor quería. Igual, sus generosas caricias y sus profundas palabras, me elevaban el ego femenino y la confianza de hacerlo sentir muy especial esa noche.

Me subí a la cama y acomode en cuatro. Sabia desde el primer día que lo conocí que el quería verme así, desnuda y con mis tesoros listos para su verga.

-“así mamasota… así era como la quería tener Carolina”, dijo el al verme como me acomodaba sobre la cama y me preparaba para ser consentida.

Dos minutos después gemí largo y tendido. Con mis ojos cerrados me queje sin temor a ser escuchada, al sentir como esa deliciosa verga cubierta con un condón se escondía por primera vez en mi estrecha vagina. Me la hundió toda hasta el fondo. Con intensa rabia y deseo masculino.

1 hora después estaba aun ahí, en cuatro, súper arrecha, mordiéndome los labios, gimiendo y quejándome ruidosamente por la deliciosa mezcla de dolor, incomodidad y a la vez, fascinante excitación femenina, aferrada con rabia y placer a esas calientes y desarregladas sabanas blancas, con mis ojos entreabiertos mirando de reojo de nuevo ese gigante y colorido diploma de la vereda El Carrusel, mientras la deliciosa y dura verga del Doctor Gómez, se mecía placida y lentamente enterrada en medio de mis paradas y femeninas nalgas.

Llevábamos escasos 8 o 10 minutos de sexo anal, y el, hacia finalmente su sueño realidad. El condón que cubría su verga, lleno de su esperma, contenía las ultimas gotas de su hirviente leche, mientras el aun disfrutaba de las contracciones orgásmicas. Hacia escasos 30 segundos, a grito encendido, el nos hacia saber a todos los de El Carrusel, que su verga explotaba atrapada allá en medio del culazo de Carolina, la sexy esposa cartagenera de Julián, el nuevo ingeniero contratista encargado de las aulas escolares del pueblo. En mi dilatada y rojiza vagina ya reposaban dos frescas cargas de su espeso y calido esperma, el cual en silencio cómplice, había sido entregado generosamente al inicio de la jornada por la verga del Doctor, quien susurrándome al oído y en secreto, me había invitado al pecado:

-“Me le puedo derramar adentro mamasota?”, había el preguntado hacia mas o menos media hora cuando en posición misionero y sin protección, me hundió su deliciosa verga hasta el fondo para no sacarla de mi sexo en un buen rato.

La puerta de la alcoba lentamente se abrió y ambos, el Doctor y yo volteamos a mirar. Allí, curioso, asomándose, estaba Julián.

-“Los interrumpo?”, pregunto el entrando con duda, completamente desnudo, a la alcoba con tres heladas botellas de cerveza Aguila en sus manos.

Ni el Doctor ni yo respondimos, pero yo curiosa, me quede viendo esa sorpresiva expresión del rostro de mi esposo. A el le parecía increíble que el hermoso y atractivo culazo de su esposa estuviera ahora atragantado por la verga de otro hombre.

Julián, al ver el frasco abierto de gel lubricante tirado en la cama, y la forma como la verga del Doctor Gómez entraba, en medio de mis moldeadas nalgas, intuyo que no era mi vagina la que recibía en ese momento el castigo de su firme verga.

Voltee mi cabeza de nuevo contra la cama y me queje mas duro al sentir como el Doctor, como con celos y rabia de que mi sexo era esa noche compartido, me hundió su miembro bien en lo profundo de mis nalgas.

-“Dígame Doctor Gómez que no es una delicia clavarse ese belleza de culo?”, pregunto Julián colocando las tres cervezas sobre la mesita de noche y tomando con la mano la foto del doctor con su familia.

-“No se imagina cuantos amigos y clientes míos lo están envidiando… no sabe cuantos de ellos pagarían para darle por detrás a Carolina toda una noche en la cama”, dijo el.

Viendo que el tiempo y sus ímpetus sexuales necesitaban de un descanso, el Doctor me tomo por la cintura con fuerza y sentí, con alivio, como su verga empezaba lentamente a salir de mis entrañas.

-“Con todo respeto pero que mujer tan bella es su ex esposa…”, dijo Julian mirando la foto y saboreando el primer sorbo de su cerveza.

-“Si lo es… nos separamos hace 1 año… a Beatriz se la culea un contratista costeño que trabaja con la alcaldía…”, dijo el Doctor Gómez viendo como su condón lleno de blanca savia merecía ya un cambio.

-“Gracias Caro mi amor”, dijo el Doctor dándome un corto beso en mi dilatado ano y lamiéndome los labios vaginales ligeramente salpicados de su esperma, para luego bajarse de la cama.

Estaba un poco cansada. Habían pasado más o menos 60 minutos teniendo sexo con el Doctor Gómez, y algo maltratada después de esos últimos, cortos, pero intensos 10 minutos de sexo anal. Pero la excitación de verme al lado de dos veteranos hombres que me deseaban, me hacia pensar que aun la noche era joven. Ver esas dos gruesas y recorridas vergas, sedientas del lujurioso y carnoso sexo de una sedienta vagina cartagenera y un bien deseado culazo de mujer costeña, me daban a pensar que esos dos tesoros ocultos en medio de mis piernas tenían dos diferentes dueños esa noche, ahí en El Carrusel, donde cerramos con éxito la contratación y, de paso, ellos hicieron su sueño realidad.

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henry24 dice:

asi cualquiera se vuelve corrupto

 


17/01/2012 - 20:43
 
 
 
 

Delicioso


17/01/2012 - 22:46
 
 
 
 

"huy" Corrupto y hasta mas, pero buena por ustedes seguro que tienen un prominente futuro claro se ha de pensar que no tanto como tus nalgas jijijii


18/01/2012 - 02:25
 
 
 
 
betocalente dice:

el relato es delicioso, pero seria mas rico si colocaras fotos de ese cuerpo tan escultural q dices tener en tu perfil, ya me dieron ganas de poderlo disfrutar  jijiji

 


19/01/2012 - 15:15
 
 
 
 
dice:

HOLA ME GUSTARIA VER ESE CULOTE  Y ESAS PIERNOTAS CARTAGENERAS ENREDADOS CON LAS PIERNOTAS HERMOSAS Y EL CULOTE RICO DE MI ESPOSA CALEÑA DE 1.75 DE ESTATURA ..UN BESO


19/01/2012 - 16:50
 
 
 
 
dice:

Pura mierda, debe escribir una novela y que uno de los canales se la hagan realidad.


22/01/2012 - 10:04
 
 
 
 
dice:

Eso es pura y física mierda, eso sí, que buena creatividad, este man puede escribir novelas eróticas, tiene talento. JJJaaaajjajajaj.


22/01/2012 - 13:34
 
 
 
 
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