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Hacerle sexo oral a una mujer
Dana era una chica muy particular. Cuando la conocí, fue inevitable sentirme atraído por ella. Asistía a la misma clase artística que yo. Poseía muchos elementos que siempre me han fascinado: Era muy callada, pero de una mirada profunda. Piel particularmente blanca. Y aunque me encantan los senos pequeños en las mujeres (Cosa que sorprende a mis amigos), Dana poseía un par de pechos grandes y bien formados.
Nos hicimos amigos y constantemente me visitaba en mi casa. Tuvimos conversaciones de carácter sexual muchas veces, pero nunca nos decidimos, tal vez por falta del ambiente propicio, a tener sexo. Pero durante tales conversaciones pude ver que era una mujer claramente sexual, sin miedo a buscar placer y sin tapujos. Por ese motivo me sorprendió muchísimo cuando un día afirmo que no le gustaba para nada que le practicaran sexo oral.
Tal cosa me perturbó mucho, debido a que lamer a una mujer es mi actividad sexual preferida y nunca me había pasado que, al hacérselo a una mujer, esta terminara deteniéndome o mostrándose insatisfecha.
Ese fin de semana salimos a escuchar algo de música y tomar alguna bebida en un bar cercano. Compartíamos gustos musicales y pasamos una hora agradable. Luego de ya varios tragos, se acerco a mi oído con su rostro totalmente inexpresivo y me dijo de la forma más fría en que una mujer me ha hablado: “Vámonos, llévame a donde vos queras para que me folles......pero si no me gusta lo que me haces, nunca más volvemos a hablar”. Es difícil para mí explicar el gusto que esta forma de hablar me provoco...el deseo de experimentar cosas nuevas siempre está presente. Y oír a una mujer expresándose así, era claramente nuevo para mí en esa época.
Cuando llegamos a mi apartamento, me detuvo subiendo las escaleras oscuras y me dijo: “Sácate la verga que quiero chupártela” y sin esperar respuesta, me bajo la cremallera, tomo mi miembro con sus manos y lo cubrió inmediatamente con su boca. Lo succionaba de forma voraz, violenta, con un deseo totalmente liberado.
Finalmente subimos a mi cuarto y de inmediato, comenzó a quitarse la ropa, dejándose únicamente las medias. Pero no creáis que era las típicas medias de película XXX, negras o blancas, largas y con encajes. Su par de medias no sobrepasaban la altura de sus tobillos y eran de lana color rosada. Y el contraste de tener en mi cama a esa mujer totalmente inmoral, excitada, de senos enormes, diciéndome cosas sucias y vistiendo esos tiernísimos, casi infantiles calcetines rosados, era más de lo que habría podido pedir.
Ante su actitud exigente, no tarde en desvestirme y embestirla con fuerza. Gimió cuando sintió por primera ocasión a mi miembro separando las paredes de su vagina. Empecé a penetrarla al tiempo que lamia suavemente al inicio y luego más rápido sus pezones rosados. Pase luego a estrechar esos grandes senos con mis manos, sintiendo que mi verga se ponía cada vez más dura cuando lo hacía.
Luego de unos minutos totalmente abrazado por sus piernas, me incorpore un poco y la tome por los tobillos, acaricie un poco sus mediesitas de lana y luego, rodeándole totalmente los tobillos con mis grandes manos, le separe totalmente las piernas, embistiéndola más duro mientras le sostenía las piernas abiertas al límite. Parecía disfrutarlo mucho, acariciándose la parte interna de los muslos, y humedeciendo de forma obscena sus labios rosados, con esa lengua también rosada.
Luego, empecé a recordar su advertencia: Si no resultaba satisfecha, nunca más nos veríamos. Y bueno, realmente, aparte de la atracción sexual, en las semanas anteriores había llagado a tomarle aprecio como amiga. Más allá del sexo, no quería que nuestra amistad terminara. Y sentí preocupación. Comencé a inspeccionar su rostro mientras entraba y salía de ella y termine poniéndome muy tenso. Luego de un rato, note que me miraba también, desconcentrada seguramente ante mi actitud.
Luego de unos minutos me dijo: “Sabes? Ya debo irme, dejemos esto así”. Y en ese momento tome la firme determinación de no dejarla ir. No de ese modo. Sabía que me había puesto tenso. Y yo sabía que, para que una mujer disfrute el sexo, el hombre debe ocuparse de satisfacerla, pero debe sentir placer en hacerlo. De modo que la detuve cuando intento incorporarse. Si lo que deseaba era tener un orgasmo, yo se lo daría, pero lo haría de la forma en que mas disfrutaba hacerlo yo. Yo también podía tener sexo sin corazón, si era lo que ella quería.
Forcejeamos un poco y de manera suave, pero firme, tome su mandíbula con mi mano y la obligue a tenderse de nuevo e inmediatamente tome uno de sus senos entre mi boca. Y empecé a disfrutarlo con menos delicadeza que antes. Succione un poco mas fuerte mientras mi lengua trazaba círculos alrededor de su pezón, primero girando en un sentido y luego cambiando de dirección. Cuando sentí que no intentaba incorporarse más y su respiración se agito de nuevo, descendí hasta su estomago y luego entre sus piernas. La tome firmemente por las muñecas cuando trato de impedírmelo y aplique mi lengua directamente a su clítoris.
Después de tres o cuatro pasones de mi lengua firme y dura, escuche su primer gemido de placer. La tensión por liberar sus muñecas fue decreciendo hasta que sentí que ceso por completo. Entonces, decidí disfrutar al máximo de esa deliciosa vagina, totalmente rasurada: Baje del clítoris hasta encontrar la entrada y, forzando mi lengua al máximo, comencé a penetrarla lo más profundo que podía, moviéndome en su interior, probando su deliciosa humedad. Volví de nuevo al clítoris, lamiéndolo de arriba abajo, por momentos suave con la punta de mi lengua, por momentos con lengüetazos lentos, firmes y largos, para a continuación volver a la entrada de su vagina.
Dana comenzó a mover las caderas al ritmo de mis embestidas. Entonces, perdiendo un poco el control, comencé a retorcer sus muñecas, a aprisionarlas más firmes y a recorrer con ansia toda la extensión de su vagina, desde abajo hasta arriba, terminando siempre en su clítoris.
En el momento de mayor pasión solté sus muñecas y tome sus senos con ambas manos (Afortunadamente tengo brazos largos) estrechándolos con firmeza mientras mis lamidas iban y venían fuertes, de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo. Ella contesto a este gesto, tomando mi cabeza con sus dos manos, mostrando ya un placer desmedido y me aprisiono contra su vagina con fuerza, casi impidiéndome respirar y haciéndome enterrar totalmente mis labios y lengua entre su humedad cada vez más abundante. Luego de unos minutos una de sus manos soltó mi cabeza, para posar sus largas uñas detrás de mi oreja izquierda, sin que su otra mano dejara de presionar mi cabeza contra su sexo. A los pocos segundos, sus caderas incrementaron el ritmo junto a una oleada de gemidos cortos y ansiosos, para terminar en un gemido largo mientras sus caderas convulsionaban empujando por momentos su vagina contra mi boca, frotando su clítoris contra mi lengua en un movimiento espasmódico y sus uñas prácticamente se enterraban en mi piel.
Disfrute de su orgasmo al mismo tiempo que el dolor tras mi oreja se hacía cada vez más intenso. Su orgasmo fue largo y profundo y cuando me disponía a detener su mano por que ya casi no soportaba el maravilloso dolor que me infringían sus uñas, sus caderas se relajaron, dejándose caer nuevamente sobre la cama y liberando mi cabeza.
Después de unos minutos, nos vestimos y la acompañe a su casa. “Nunca me habían hecho algo así”, me dijo durante el camino. Y bueno, me dijo varias cosas más que subieron mi ego de hombre a alturas insospechadas.
Por supuesto, todo este suceso fue para mí, motivo de reflexión. Y me gustaría escuchar la opinión de otras personas, sobre todo mujeres. ¿Por que algunas mujeres podrían no gustarles que se les practique el sexo oral?
Mi propia conclusión, es sencilla: Nadie se los ha practicado adecuadamente. Tal vez sus experiencias en este sentido, fueron con un hombre que no lo disfrutaba mucho, o era falto de habilidad (De hecho, no me considero muy hábil, pero lo disfruto mucho y creo que una mujer siente eso y le gusta). Esta conclusión se ve reforzada por el hecho de que la gran mayoría de mujeres que he conocido, a las que les gusta el sexo oral, le gusta practicarlo con otras mujeres. Supongo que esto es porque otra mujer sabrá hacerlo exactamente como a ellas les gusta. Y si un hombre se preocupara por hacerlo bien, su mujer seguramente los disfrutaría.
Yo, particularmente lo disfruto tanto, que a veces me provoca simplemente tomar a una mujer y lamerla hasta el orgasmo, sin esperar una retribución, solo esperando que se trate de una mujer agradable y, por supuesto, aseada. Y, si no fuera tan terriblemente condenable en nuestra sociedad, me gustaría colocar un anuncio de “Se lame gratis, informes, aquí”....jajajaja.
Ustedes que piensan?
Escribanme: LeoCort6@gmail.com
O pueden leer otro de mis relatos en el siguiente enlace: http://www.guiacereza.com/relatos/Perversiones-I-La-madre-y-el-novio-de-Diana_id3279.html
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Con brusquedad es fatal !!!
01/01/2010 - 10:01
NO HAY NADA MAS DELI.. QUE SUBESITO Y CON TERNURITA
01/01/2010 - 23:06
01/01/2010 - 07:22
01/01/2010 - 16:07
02/02/2010 - 13:12
PILAS SEÑORES CUANDO SE PASAN DE APASIONADOS Y LO QUE HACEN ES LASTIMAR!!!!
02/02/2010 - 03:13
05/05/2010 - 23:08
Me encanto tu relato!!! Genial....el sexo oral es deli...
03/09/2010 - 09:19
tu relato estuvo genial, con decirte que me excite leyendo....
19/12/2010 - 15:53
Que bueno que te ha gustado...cuidate.
me exciteee tanto leyendo tu relato, que acabo de tener el mejor de mis orgasmossssssss, que delicia, me han hecho buenos sexos orales, pero el tuyo esta de locura, algun dia encontrare a alguien que me lo haga como me lo sueño. me gustaria tambien tener essta experiencia de manera virtual, pues la imaginacion puede mas que mil palabras.....
02/02/2012 - 11:14
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