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Relatos y Experiencias

No 20. El Mejor Amigo De Mi Papá. Parte 1

Llegue a mi nuevo apartamento en la calle cuarenta y ocho, me di cuenta que tenia pocas cosas por lo que la mudanza fue bastante sencilla, solo algunas cuantas cajas que en su mayoría eran solo ropa; las clases iniciarían en un par de días y la búsqueda de un trabajo estaba en curso.Reconocí en mi alegría por una nueva etapa de mi vida, pero había algo de ansiedad y miedo por la incertidumbre natural de la situación.Baje las escaleras para buscar la ultima caja, llegue hasta el parqueadero y busque en el asiento de atrás, pero no vi nada.-ya esta es la ultima, yo la subo- dijo Alberto que estaba sosteniendo la puerta del ascensor.Alberto es un viejo conocido de la familia, desde que era pequeña lo veía en la casa visitando a mi papá, siempre tuve la imagen de ellos de "mejores amigos", navidades en familia, año nuevo, él siempre estaba presente, y de alguna manera lo veía como un tío. No es muy alto, 1.70 a lo mucho, algo gordo por su pronunciada barriga cervecera, se estaba quedando calvo, pero en brazos y pecho era bastante velludo. Él había ofrecido su ayuda para ayudarme en mi mudanza, mis padres no estaban de acuerdo con que me fuera por lo que tomaron la decisión de no intervenir; llego a casa de mis padres temprano, en su carro y él mismo cargo algunas de mis cajas.Fuimos a almorzar, pensé seria un bonito gesto de mi parte invitarle algo, así que fuimos al Éxito de la calle cincuenta y tres, en el segundo piso, yo comí en el sandwich qbano, y Alberto en el Corral. Volvimos a mi nuevo hogar, pues le había solicitado que me ayudara a armar mi nueva cama, pues fue el regalo de mi tía más cercana, compre una cama de tamaño queen, y por sus dimensiones temí por no tener la fuerza para llevar a acabo la tarea.Mi nuevo hogar es un apartaestudio ubicado en un cuarto piso, al entrar a la izquierda estaba la cocina con una pequeña mesa que cumple la función de comedor, cocina estilo americano creo que le dicen así; a la derecha de la entrada un pequeño cuarto donde esta la lavadora, al frente una pequeña sala que un sofá mediano llenaría de punta a punta, y a la derecha de la sala sin ninguna separación el cuarto, que en su esquina estaba el baño, y todo teniendo de fondo un gran ventanal que da a la carrera octava.Me senté en el suelo de la sala, revisando cada una de las cajas y acomodando en el closet mi ropa, en el cuarto Alberto estaba armando con cierta facilidad mi nueva cama, su gran tamaño obligo arrinconarla en una esquina para dejar suficiente espacio para poder acceder al baño y al closet. Cuando él termino su tarea rápidamente tendí mi cama para poderla apreciar y saciar mi creciente emoción de verla lista.-bueno, te dejo para que organices tus cosas- cuando termino de hablar pensé en la soledad, y en dormir completamente sola en un lugar que apenas estaba en camino de ser familiar, creo que sentí un profundo miedo de esos que paralizan.-No, todavía no... no me dejes sólita- una voz de niña consentida envió un mensaje que era una invitación.-Vale, voy a descansar un rato- me senté al borde de la cama, me quite los zapatos, busque acostarme contra la pared.-voy a estrenar la cama... para descansar un ratico- le di la espalda, Alberto se sentó en la cama, quitándose sus zapatos y acostándose a mi lado.Desde hace un par de años me di cuenta que el amigo de mi padre me veía de manera diferente, ya no con ternura o cariño, su forma de mirarme se acercaba más al deseo y la tensión sexual con una adolescente, sin embargo nunca sucedió nada, y esta era en realidad la primera vez que estábamos solos; yo tenia algo claro, y es que no quería pasar esa primera noche sola, y aunque no me sentía atraída hacia él, sabia que solamente una noche de sexo haría que me acompañara.-hace como calor- lo dije en voz alta para justificar mi siguiente acción, me quite mis medias y el jean, quedando solo en un pequeño hilo color fucsia, una camiseta blanca sin sujetador debajo; al concluir me acosté nuevamente sin prestarle atención a mi acompañante.Me di vuelta, observe que Alberto se acomodo quitándose su camiseta roja, siguieron sus jeans, se acostó y cruzamos miradas. Nos quedamos quietos, enseguida puse mi mano en su pecho para juguetear con sus vellos suavemente, me detuve solo para quitarme mi camiseta para ver su rostro en reacción a poder ver mis senos por primera vez.Su atención entonces se centro en mis senos, se acerco y con ambas manos me los agarro, luego con sus dedos a modo de pinzas pellizco levemente mis pezones, los cuales lamió y mordisqueo posteriormente.Un rápido pensamiento me inundo, ideas de: esto esta mal, espero mis papás no se enteren. Pensamientos que fueron interrumpidos cuando sus dedos frotaron mi coñito.-estas bien mojadita que rico- y mis miedos desaparecieron, pensé.A continuación me incorpore, baje mi hilo y quite sus boxers, agarre suavemente su verga ya erecta, y lo masturbe un poco... luego lo metí a mi boca un par de minutos en donde hice énfasis en la punta de su pene con mi lengua. Me puse encima de él, y con mi mano guié su verga para que me penetrara, cuando entro deje caer mi peso delicadamente a lo que siguieron pequeños movimientos circulares; Alberto puso sus manos en mis caderas y propuso un ritmo mas acelerado. Con una de mis manos inicie a estimular mi clítoris, mis mejillas las percibía calientes como cuando hacia un ejercicio que aumentaba mis pulsaciones rápidamente.Ese gesto encanto a mi amante, me agarro del brazo con la invitación a una nueva posición sin interrumpir la penetración, él mostró entonces su intención de dominar la situación, me acostó en la cama y se hizo encima de mi, abriendo mis piernas con sus muslos.-eres una experta, me encantas- susurro a mi oído.-¿te gusta?--me fascina- y dio una envestida con todas sus fuerzas, mis gemidos se ajustaron a su fuerte respiración que daban prueba del colesterol y el sedentarismo.Su peso no me permitía muchos movimientos, por lo que me relaje y me deje llevar, sin embargo entendí una ventaja que no considere de la situación, y es que su peso (no consideraba su experiencia) facilitaba de algún modo la estimulación de mi clítoris.-¿donde los quieres?, ¿donde te lo hecho?- pregunto con dificultad.-adentro, dale adentro- dije en un gemido.Mis ultimas palabras generaron una reacción que no espere, se acomodo y acelero el ritmo, como un atleta rematando los últimos cien metros, pensé. La fricción se lubrico con el sudor de nuestros cuerpos, la humedad del calor y la agitación lograron con relativa facilidad mi orgasmo, que se presento largo e intenso, lo cual comunico a Alberto que tenia vía libre para eyacular.Note sus desespero inicial, seguido por gemidos gritados típicos de una porno, y que me hacían pensar en que Alberto desahogaba meses de abstinencia. Taramos un par de minutos recuperar el aliento, entonces lo empuje con una mano señalandole que quería acomodarme y descansar.Él no estaba de acuerdo, así que bajo y hundió su rostro en mi coñito, me sorprendió su gesto, pues di por sentado que mi amante necesitaba descanso, y más fue mi sorpresa cuando dijo:-he esperado muchos años esto- desde abajo con la mirada fija en mi rostro, y con su lengua buscando mi clítoris.Relaje mis piernas, fije mi mirada en el techo, y me deje llevar... mis miedos se diluyeron.


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