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Relatos y Experiencias

Me mire al espejo y me di cuenta que después de 10 años de matrimonio y una hermosa hija de 6 añitos, mi cuerpo de mujer caleña aun no reflejaba el tiempo pasado. Ahora, a mis 38 años, me veía igual de rozagante y esbelta, y para nada se me notaba que era una mujer ya recorrida con mil batallas luchadas.

El vestido rojo que me había puesto esa noche era muy especial y me traía buenos recuerdos, ya que era el seductor y ajustado vestido que más le gustaba a Julián, mi ex. Me mire el busto, sexy y voluptuoso, y esos senos naturales 36D se mostraban más generosos que nunca a través del revelador escote. Mis pechos, rozagantes y elegantes, sobresalían de mi cuerpo como dos apetitosos melones y el vestido mostraba allá ese valle de las pasiones masculinas donde más de un hombre daría lo que fuera por poner su lengua. Y baje mi vista, para recorrer con mis manos mi cadera, vanidosa, mostrando como el ceñido vestido se me pegaba a la cintura, marcando mis caderas de rumbera caleña.

Luego, deje que mi cuerpo girara de medio lado y orgullosa, observe como el vestido marcaba perfecto mis paraditas nalgas. Como un delicioso durazno, las dos caras de mi cola lucían hermosas y mi esbelto trasero reflejaba el sacrificio diario del gimnasio, en especial, en estos últimos 6 meses que llevaba libre de todo yugo y en el que había dado rienda suelta a mi libertad. La corta falda terminaba bien arriba de mis rodillas, mostrando como mi cadera y mis piernas dejaban entrever que mi cuerpo aun mostraba los símbolos inequívocos que conquistaron y atrajeron a Julián a mi vida por allá en el 2006.

Me mire a la cara y mi cabello rubio, lacio y delicadamente suelto me daban un porte especial. Y allá escondidas se veían pequeñas y disimuladas arrugas bajos los ojos, pero aun mi sonrisa y mis ojos color miel se destacaban con virtud.

Hoy, 10 años después, completaba 6 meses de separada de Julián. Nuestro solido matrimonio se vino al piso y se derrumbó a partir del 2014 cuando Julián me puso como carne de cañón ante su jefe y dueño de la compañía de transportes para la que él trabajaba. Durante los últimos dos años, Julián quería que me acostara con su jefe, ya que mi cuerpo lo ‘tenia encendido’, cosa que siempre le negué rotundamente, hasta que finalmente el año pasado en medio de la celebración de Navidad de la empresa, el Doctor Narváez, jefe de Julián, me expreso su directo interés sexual por salir conmigo a una noche de placer, con la aprobación de mi ex. “Bueno monita hermosa… cuando me da dar ese gustico… en mi finca, al lado de Julián y yo encima suyo dándole lo que se merece…”. Y ese fue el punto final que Julián le dio a nuestra relación de 10 años.

Esa noche mi vida estaba a punto de dar un vuelco, ya que después de pasar la dolorosa ‘tusa’ de la separación, iba a salir con uno de los amigos más cercanos de mi ex, y de paso romper los monótonos esquemas de mi vida como mujer libre y separada.

Alfredo, de 48 años, amigo de mucho tiempo de Julián, había estado muy pendiente de mí después de la separación y como buen amigo que era, siempre me tendió su mano en lo que yo necesitara sin condición alguna. Como invitada especial ese fin de semana a su hermosa finca de descanso en Fusagasugá, me sentía como una reina, sensación que llevaba mucho tiempo sin vivir. Alfredo me hacía sentir importante y eso me encantaba y elevaba mi ego. A pesar de que nos llevábamos 10 años de diferencia en nuestras edades, Alfredo estaba ahí, en los momentos buenos y los malos, y eso yo lo valoraba muy bien.

Me voltee y camine hacia el baño, dejando que mis zapatos de tacón alto resonaran por la alcoba de huéspedes donde dormiría esa noche. Allá al fondo, colgado, estaba el aun húmedo y delicado vestido de baño amarillo de dos piezas que esa tarde lucí para Alfredo y que tantas miradas atrevidas y comentarios le causaron. Sin lugar a dudas, Alfredo, divorciado ya hacía algún tiempo, era también humano y como hombre no podía negar su condición de debilidad masculina al tener a la atractiva ex esposa de su mejor amigo exponiendo sus virtuosos atributos a plenitud en la piscina de su finca esa soleada tarde. Mis dos voluptuosos senos quedaron expuestos a sus ojos a través del bikini y abajo mi pequeña tanga ocultaba con dificultad mi sexo y dejaba entrever como mis dos nalgas lucían majestuosas a los ojos de un hombre divorciado y hambriento de sexo. Esa tarde, tomando el sol y unas piñas coladas, hablamos de los últimos 2 años difíciles de relación al lado de Julián y le exprese a Alfredo cuales fueron las verdaderas razones para la separación. Alfredo, sorprendido, me expreso su rechazo a la repugnante idea de acostarme con el jefe de su amigo y de nuevo me brindo su irrestricto apoyo en lo que yo necesitara, ahora como mujer libre y feliz.

Me eche un poco de perfume sobre la parte baja de mi cuello y un poco en mi cintura, sabiendo que a Alfredo le encantaría.

Pase de regreso de nuevo por el amplio espejo de la alcoba y me detuve para verme de nuevo de pies a cabeza, así como a Julián le encantaba verme, con ese atrevido escote y esa sexy faldita, que el delicado vestido rojo dejaba entrever, luciendo a pleno mis notorios atributos de mujer valluna.

-“Bueno, Claudia, aquí estamos lista para vivir de nuevo la vida”, me dije a mi misma en voz baja mirándome a los ojos a través del espejo.

-“Es tiempo de darle a Alfredo lo que tanto ha querido y que tu Julián ya lo perdiste”, volví a balbucear volteándome de lado y acariciándome sutilmente mi espigado trasero del cual Julián siempre se adulaba ante sus amigos.

Llevaba 6 meses de silencio y sacrificios al lado de mi hija, las dos solas enfrentando al mundo, lleno de gente vivaracha buscando sacar la mejor tajada de ti. Llevaba 6 meses sin saber lo que era sentirme una reina en la casa, al lado de un hombre que me supiera valorar. Y claro, llevaba 6 meses sin saber lo que era una verga adentro de mí complaciéndome a saciar. Llevaba 6 meses de sequía sin probar las mieles de un buen polvo y un buen orgasmo.

Y esa noche, con Alfredo a mi lado, estaba dispuesta a cambiar.

-“Estas lista Claudia?.. Avísame…”, grito Alfredo desde la sala.

Tome mi celular y salí de la alcoba caminando lentamente sin afanes.

-“Lista para la rumba”, le conteste a Alfredo, quien de espaldas apagaba las luces de la cocina y tomaba las llaves de su camioneta.

Tan pronto él se volteo hacia mí, su expresión de sorpresa fue muy notoria.

-“Uyyyyy dios miooooo… por donde se están cayendo estos angelitos”, dijo el mirándome de pies a cabeza y dejando su ojos estáticos por un par de segundos sobre mi robustos senos y mi cadera.

Me reí pero no dije nada. Obvio, para Alfredo era un mensaje indirecto, al verme en bikini en la tarde y ahora en la noche ese atrevido, sexy y ajustado vestido rojo mostrando mis notorios atributos físicos.

Camine hacia la puerta de la casona sabiendo que en esos 5 segundos de silencio, los ojos de Alfredo estaban puestos en mi vestido y en mi moldeado trasero.

-“Virgen santísima… más de un mancito me va a envidiar esta noche.. Yo, al lado de semejante caleñita”, dijo el colocando sus ojos sobre mi cuerpo quedándose atrás mío, muy seguramente viéndome el pompis y la corta falda.

Él se apuró a cerrar la casa finca y como todo un caballero me abrió la puerta de su camioneta. Muy a propósito, deje que mis piernas se entreabrieran más de la cuenta y mientras me sentaba, mi falda se subió un poco y mis gruesos y atléticos muslos quedaron expuestos a sus ojos nerviosos.

Camino al bar a las afueras de la hermosa ciudad de Fusagasugá, Alfredo me miraba con dudas mientras conducía y cuando podía veía como me miraba el busto a través del escote y luego como mis piernas quedaban libres para sus ojos. Yo, sin duda, lo estaba torturando y para el muchas preguntas quedaban sin respuesta. Para mí, era un delicioso juego de seducción, placer y venganza, sin él ni siquiera imaginarse que sus veteranas manos estaban a pocas horas de posarse sobre mi cuerpo y su verga, estaba a punto de convertir sus deseos realidad, para finalmente después de 10 años de sana amistad, descubrir los ocultos tesoros de mi cuerpo que esa noche tanto deseaban entregarse al castigo divino de una firme verga.

-Guauuuu.. Claudita… me tienes más nervioso… verla hoy en la tarde luciendo ese bikini y ahora usted con ese vestido… me convenzo más que Julián perdió mucho al dejarla a usted solterita y a la orden”, dijo Alfredo dejando su mirada descarada sobre mi escote.

Me reí y deje que mi mano izquierda se posara coqueta y atrevida sobre la rodilla derecha de Alfredo.

-“Si.. lo se… ya Julián es cosa del pasado y ahora vivo mi presente”, comente.

15 minutos más tarde, al llegar al bar, y mientras Alfredo, como todo un caballero me abría la puerta de la camioneta, deje que mi pierna derecha se escurriera sobre el peldaño de la puerta y así, mis piernas se abrieran sin pena ni gloria dejando visible, muy seguramente, la delicada tanga negra que esa noche lucia.

Con sus ojos puestos sobre mi visible tanga durante ese corto segundo, Alfredo recibió claro ese mensaje directo, de que mi tesoro buscaba esa noche un nuevo dueño.

Durante una hora Alfredo y yo bailamos al ritmo de la música que el bar nos entregaba, a la par que le entregue y confié mis deseos de seguir adelante al lado de Liliana, mi hija de 6 años. El, claro, finalmente me hizo la pregunta que más le atormentaba:

-“Y estas saliendo con alguien?..  Quieres volver a armar de nuevo tu vida sentimental o encontrar alguien que esté ahí a tu lado cuando más lo necesites?”, pregunto el sirviéndome un trago de guaro.

No respondí de inmediato y tome un sorbo de más de mi copa.

-“Me imagino que en el Banco debes tener a más de uno por ahí detrás de ti como lobos y chulos cayéndote ahora que estas separada… claro, con todo respeto mi Claudia, pero difícil para uno de hombre entender como Julián te deja sola… tú con ese carisma tan especial… y con ese cuerpazo de reina…”, agrego el de forma muy personal.

-“No, no estoy saliendo con nadie.. y si tienes razón… en el Banco, ahora que se enteraron de mi separación, tengo a mis dos jefes y a un par de compañeros invitándome a motel a toda hora.. por ahora no me interesa eso... tengo a Liliana como mi prioridad y cuando necesite de alguien pues ahí lo buscare”, dije mirándolo a los ojos.

-“Si debes ser firme con la gente que abusa de la confianza… solo quiero decirte que cuentas conmigo para lo que sea y espero estar ahí cuando necesites de un amigo… y si no te parece una locura que yo…”

-“Alfredo, hermanito… quiubo pues…”, interrumpió la pregunta de Alfredo un hombre sonriente que de pronto se acercó a nosotros dándole un golpe en la espalda.

Él se sorprendió, se puso de pie y ellos se fundieron en un amigable abrazo, donde ambos intercambiaron palabras de regocijo por volverse a ver después de tanto tiempo.

Mauricio, amigo de Alfredo, de su misma edad y comerciante de profesión, se presentó y tomo posesión de una silla para sentarse a nuestro lado al mismo tiempo que Alfredo lo invitaba a compartir nuestros tragos. Obviamente, en sus ojos se notaba la complacencia de ver a su amigo divorciado al lado de una atractiva caleña, 10 años más joven y con mucha tela para cortar.

Durante los siguientes 60 minutos, baile complacida con Mauricio y Alfredo y ambos se turnaban el honor de tomarme de la mano y llevarme a la pista de baile, para allá fundirnos en un extraño abrazo de pareja en donde mi cuerpo era su objeto y mi sonrisa su aliciente para susurrarme al oído sus comentarios.

Ya siendo las 12 de la medianoche, los tragos y el vestido habían cumplido su tarea. Finalmente yo tomaba la decisión de que mi cuerpo y mi alma los entregaba esa noche a Alfredo, ese amigo incondicional que yo había encontrado.

-“nos vamos para la finca Alfre?”, le pregunte mientras terminaba de bailar con él.

-“Listo Claudia.. pago la cuenta y arrancamos de regreso”, contesto el amigablemente.

-“Mauricio.. se toma unos tragos en mi finca?.. camine hermano.. que se va a quedar por ahí solo”, le dijo Alfredo a su amigo mientras el sacaba la billetera para pagar la cuenta.

Como un baldado de agua fría me cayó esa oferta. Lo que más quería en ese momento era llegar a la finca y sentarme al lado de Alfredo para abrazarlo y agradecerle su amistad incondicional mientras que el seguramente recorría con sus manos mi cuerpo. Lo que tenía en mente era entregarle a Alfredo un especial regalo, cubierto en ese momento por el ajustado vestido rojo que Julián, mi ex, me había regalado. Y el hecho de que Alfredo había convidado a Mauricio a la finca echaba por la puerta de atrás mis aspiraciones no complacidas.

Molesta, pero resignada a mi suerte, llegamos los tres a la finca y me senté justo al lado de Alfredo, mientras al frente, Mauricio se deleitaba con la vista de mis piernas cruzadas y mi corta falda.

De pronto, y sin esperarlo una estúpida pregunta cambio la suerte de los tres esa noche:

-“Y Claudia y Alfredito… ustedes que… amigovios, amigos o arrocito en bajo?”, dijo Mauricio bajando su vista descarada hacia mis piernas, seguramente tratando de ver el más allá y envidiando la suerte de su amigo por tenerme a su lado.

-“Novios, amigovios y arrocito en bajo… todas las anteriores…”, respondí, sonriente sin dudarlo mirando a Alfredo a los ojos, quien sorprendido por mi respuesta no inmuto palabra.

Yo sabía que era un momento difícil, pero encontré en esa pregunta el momento exacto para dar mi paso adelante, sin importarme que Mauricio, su amigo, estaba ahí presente. Y yo tenía claro que un extraño, colado en el paseo, no iba a arruinar mi noche ni mis planes.

Ahí sentada justo al lado de Alfredo me acerque a su cara y colocando mi mano derecha sobre su mejilla, la hale sutilmente hacia mí para posar mis labios sobre los suyos y fundirnos en un beso largo, tenso y apasionado.

Mientras lo besaba con mis ojos cerrados, sentí como la mano derecha de Alfredo se posó incomoda sobre mis piernas, recorriéndolas hacia arriba y luego deteniéndose sobre mis pechos para empezar a acariciarme los senos como hacía más de 6 meses un hombre no lo hacía.

Alfredo y yo, sin importarnos la presencia impávida de Mauricio nos fundimos en un apasionado beso lleno de sinsabores y deseos reprimidos durante 10 años. Durante esos 60 segundos, sentir como su mano izquierda me tocaba los pechos con fuerza masculina encendieron mi libido y finalmente su desesperada mano bajo a mis piernas, a lo cual reaccione y deje que se abrieran para sentir de forma maravillosa como su veterana mano se escondía entre mi falda y se posaba sobre mi tanga y con delicadeza única presionaba con sus dedos mi oculto sexo, para luego dejar que su dedo índice finalmente se introdujera por entre mi tanga y palpara los gruesos labios vaginales y mi clítoris colgante que esperaba ser adorado esa noche.

Sin dudarlo, su dedo empezó a moverse lentamente dentro de mi sexo, rozando con magistral delicadeza mi clítoris y las estrechas paredes de mi vagina. Al mismo tiempo que las pulsaciones de mi corazón se disparaban a 180, la lengua de Alfredo luchaba contra la mía como tratando de imponer la ley de la más fuerte, mientras nuestro beso aún no se rompía.

Finalmente, empecé a sentir como mi sexo empezó a mojarse y los fluidos vaginales brotaron de repente de mis entrañas sin previo aviso. Alfredo al sentir esa seña implícita de que mi sexo estaba listo interrumpió su beso y sin importarnos un carajo que Mauricio, sentado como una gueva al frente nuestro, presenciaba esa escena, se arrodilló de inmediato en frente mío, me empujo la corta falda hacia arriba, puso sus dos manos sobre mi tanga y como un maestro me despojo de esa prenda negra que ocultaba mi tesoro.

De inmediato abrí por completo mis piernas y allí en ese momento, Alfredo expreso sus deseos reprimidos viendo como mi sexo era un carnoso y jugoso manjar esperando ser adorado:

-“Yo sabía que tenías un animalote en medio de esas piernas Claudia… increíble Julián comiéndose esta belleza durante tanto tiempo”, dijo el para bajar su cabeza y colocarla en medio de mis piernas.

Sentir como su desesperada lengua empezó a recorrer mi clítoris colgante y a morderme delicadamente mis gruesos labios vaginales me hizo gemir como hacía muchos años no lo hacía.

Durante esos eternos 5 minutos sentada sobre ese sofá, con mis ojos cerrados, mis piernas completamente abiertas y mis manos puestas sobre la cabeza de Alfredo, sintiendo como su lengua y sus dedos se movían libres allá abajo adentro de mi tesoro, me encendieron al máximo.

De repente algo duro golpeo mi cara y abrí los ojos para darme cuenta que Mauricio, había caminado por detrás del sofá, se había bajado los pantalones y sus calzones y no pudo pasar desapercibido ante esa escena cargada de sexo y pasión. Allí en frente mío, la gruesa verga de Mauricio lucia jugosa y yo no podía desaprovecharla en ese momento. Sin dudarlo voltee mi cabeza hacia ella, la tome con mi mano derecha y me lleve a la boca ese vergononon tan atractivo a mi gusto.

Nuevamente me sentí una reina. Mientras Alfredo me chupaba el clítoris y se devoraba mi sexo, yo le daba una corta mamada a Mauricio y el, sin conocerme, me expresaba sus intenciones:

-“su ex sí que es una bola… semejante hembrita tan completa que es usted.. Que rico que lo chupa monita”, agrego Mauricio.

Al escuchar el comentario de su amigo, Alfredo se detuvo y se puso de pie, mientras yo seguía chupándole lento y con fuerza la verga a Mauricio.

-“Ven muñeca divina… ponte de pie y dame el honor de quitarte ese vestidito”, dijo Alfredo celoso por ver como yo, esporádicamente, le hacía sexo oral a su amigo.

Me saque la verga de Mauricio de mi boca con cuidado y lentamente me puse de pie en frente de Alfredo para voltear mi cuerpo dándole la espalda.

El desabrocho los botones del vestido por la espalda y luego coloco sus manos sobre mis hombros para halar había abajo lentamente el ajustado vestido rojo, el cual cayo perezosamente sobre el piso dejándome solo con el delicado brassier negro, ya que la tanga había sido rapada hacia 5 minutos.

Luego, Alfredo con cuidado coloco sus manos sobre el broche del brassier y libero mis pechos de esa prenda de ataduras, para abrazarme por detrás y empezar a tocarme generosamente los senos, mientras al frente mío, Mauricio, extasiado veía mi cuerpo desnudo en frente suyo allá atrás del sofá.

-“Llevaba 10 años soñando con este momento mi Claudia... mamasota linda… ponerte las manos en este par de tetas tan divinas”, me susurro Alfredo al oído, mientras el me tocaba las nalgas y los senos, torturando a Mauricio, quien en silencio en frente nuestro nos miraba.

-“Ponte en cuatro”, me dijo Alfredo como una orden.

Sin decir palabra, me arrodille sobre el borde del sofá y coloque mis brazos sobre el espaldar justo en frente de Mauricio, dejando mis piernas entreabiertas y expuestas a los ojos de Alfredo.

-“Ayyy  carajo… miren este par de bellezas…”, dijo Alfredo arrodillándose detrás mío y colocando su boca sobre mi empapada vagina, mientras, atrevido, sentí como sus manos abrían mis sexys nalgas y uno de sus dedos se introducía delicadamente por entre el asterisco de mi ano.

Mauricio se acercó de nuevo a mí, y más cómoda volví a llevarme su verga a mi boca, para empezar a darle a ese afortunado amigo de Alfredo una rica mamada de esa atractiva caleña, mientras Alfredo se devoraba mi sexo detrás mío.

3 minutos más tarde, Mauricio gimió de repente y grito al techo mi nombre:

-“Claudia.. Claudia…”

Tuve apenas tiempo de reaccionar y tan pronto me retire su verga de la boca, placidos, calientes y potentes chorros de amarilloso semen cayeron sobre mi cara y el espaldar de sofá, al mismo tiempo que Mauricio disfrutaba de esa sesión de sexo oral y llegaba a su orgasmo al no poder aguantar más y dejar que su masculino miembro reventara en mi cara. Ver tan cerca como una firme verga explotaba sobre mi rostro me trajo amargos recuerdos de Julián.

Llevado por la envidia masculina, y al ver que su amigo no pudo aguantar y dejo que su verga explotara en mi cara, Alfredo se puso de pie y con torpeza empezó a despojarse rápidamente de su ropa y con rabia y sevicia me hundió su inmensa verga en lo profundo de mi sexo.

Sentir como ese vergononon de Alfredo se hundía portentoso y abría con pereza las estrechas paredes de mi necesitada vagina, me hicieron tocar el cielo. Apreté mis manos al espaldar del sofá y mientras Mauricio ahora se agachaba para acariciarme las tetas, con mis ojos cerrados exprese lo que sentía después de más de 6 meses de sequía:

-“uyyyy Alfredo.. que rico sentirte adentro…”

Sin mediar palabra la pelvis y la cadera de Alfredo se empezó a mecer lentamente dándome esa maravillosa sensación de su verga moverse dentro de mi sexo, mientras torpemente las manos de Mauricio puestas sobre mis pechos trataban de seguir el cadencioso movimiento de mi cuerpo siendo sacudido por las golpes del abdomen de Alfredo contra mis nalgas, al mismo tiempo que su verga me machacaba sin piedad mi tesoro.

Pasaron no se, 5, 10 o 15 minutos, aun no lo sé, donde mi cuerpo y mi alma flotaron sobre una nube, mientras Alfredo me consentía en cuatro por detrás y Mauricio, incomodo, se devoraba mis voluptuosos pechos.

-“Claudia.. mi amor… 10 largos y dolorosos años.. esperando ese instante.. mi vida… gracias muñeca.. gracias muñecaaaa….diosito lindoooooo”, grito Alfredo desesperado y quejumbroso.

Abrí los ojos de repente llevada más por el momento tan especial para los dos y arquee mi cuerpo hacia arriba para facilitar la posición de penetración de la verga de Alfredo, estilo perrito, justo a tiempo de que el llegara a su orgasmo.

Un grito desgarrador se escuchó sobre la sala de la finca. Y Alfredo no lo disimulo para nada.

Y un corrientazo me paso de pies a cabeza sacudiéndome las entrañas. Grite mi orgasmo a pleno, algo que no hacía más de 6 meses, y esa maravillosa y única sensación de tocar el cielo me inundo de placer. De inmediato, esa gloriosa sensación de intenso calor y profundo ardor en lo profundo de mi vagina me estremecieron. Sentir como la verga de Alfredo explotaba a chorros adentro de mí y en esos 45 largos segundos, las guevas del mejor amigo de Julián, mi ex, vomitaban sin piedad, 10 años de represión y deseo, descargando su espeso e hirviente semen en lo profundo de mi sexo, me sacudían y me hacían sentir una reina, algo que llevaba mucho tiempo sin sentir.

Finalmente, el cuerpo de Alfredo se detuvo y espero a que las últimas gotas de su madura leche fueran vertidas de la punta de su verga. Yo me sentía, literalmente, extasiada. Parecía que mi vagina iba a explotar y esa ridícula sensación de sentirme súper mojada no era más que una seña de que la verga de Alfredo me había entregado una fenomenal eyaculada en mis entrañas.

-“uyyy diosito… que derramada tan rica mi Claudia”, confirmo Alfredo mis sospechas, retirándome con cuidado su verga sin condón y nuevamente pasándome su dedo, atrevido, sobre el asterisco de mi ano.

Me quede en esa posición, así impávida, en cuatro, aun extasiada mientras los corrientazos post-orgásmicos recorrían aun mi cuerpo, mientras que yo seguía recostada contra el espaldar del sofá y Mauricio me chupaba los senos de forma desorganizada.

De repente Alfredo camino al lado del sofá y se ubicó en frente mío, ahí sobre el espaldar y agachándose me dio un beso corto y muy especial.

-“Te molestaría que Mauricio tenga su momento de éxtasis al lado tuyo?”, me pregunto el rompiendo nuestro beso.

-“A ti te incomodaría?”, le respondí preguntándole, sonriente y poniéndome de pie.

-“Si yo fuera tu novio y parejo, no te compartiría con nadie.. pero me dio envidia ver como se lo mamaste a Mauro”, dijo Alfredo dándome de nuevo un corto beso.

-“Venga monita divina… siéntese acá y regáleme ese par de bellezas”, dijo Mauricio sentándose a mi lado sobre el sofá y tomando su verga erecta con su mano derecha masajeándosela e invitándome a que me sentara sobre su erecto miembro.

De repente Alfredo me dio la espalda y lo vi retirarse de la sala caminando hacia su alcoba.

-“que cuerpazo el suyo Claudia.. que envidia usted casada por 10 años y un solo man comiéndose esa cuquita, ese culazo y esas tetas tan ricas”, me dijo Mauricio viendo mi cuerpo desnudo de pies a cabeza mientras que yo permanecía de pie en frente suyo.

Sonreí y acto seguido me acomode sobre el borde del sofá y deje lentamente escurrir mi cuerpo sobre el abdomen de Mauricio, para sentir de nuevo como ese nuevo y diferente vergononon se acomodaba deliciosamente adentro de mi empapado tesoro.

Mauricio cerro sus ojos y dejo caer su cabeza hacia atrás expresando el intenso placer de sentir como mi atractivo cuerpo de caleña se posaba sobre el suyo al mismo tiempo que el colocaba sus sudorosas manos sobre mi cadera. Acto seguido y sin perder tiempo empecé a cabalgarme la deliciosa verga de Mauricio mientras él se devoraba mis tetas al dejar que mi torso se recostara sobre su cabeza y mis pechos quedaban expuestos solo para su boca.

Estando allí, en esos 7 maravillosos minutos, montándome esa rica verga de Mauricio, descubrí la Claudia que no conocía y que llevaba mucho tiempo sin salir del closet. Sentir como un hombre extraño al que acabada de conocer se comía a saciar mis senos 36D y me cubría con su saliva mis pezones, mientras su gloriosa y flamante verga me satisfacía a pleno me hacía sentir totalmente adorada. Que envidia le daría a Julián, mi ex, saber que un hombre extraño de su misma edad, 48 años, se gozaba a pleno los tesoros de mi cuerpo.

De pronto, una extraña sensación me recorrió de pies a cabeza. Atrás mío, sin esperármelo, una maravillosa sensación de frio y espasmo atravesó por mi cuerpo. Voltee a mirar hacia atrás y vi a Alfredo arrodillado mirándome con culpa mientras su atrevido dedo índice se introducía en mi ano y un helado y pálido gel era vertido sobre ese asterisco culposo de las pasiones masculinas.

-“Claudia… mujer divina… hazme completo el sueño realidad mi vida... desde hace 10 años derramarme adentro de tu cuquita era solo un imposible… y meterte la verga por entre ese culo de diosa un sueño de locos… pero juro por Dios que siempre estaré a tu lado pase lo que pase”, me susurro Alfredo en mis oídos en voz baja abrazándome

Lo pensé, lo dude, me pasaron tantos recuerdos al lado de Julián, pero que mejor compartir con Alfredo algo tan mío y del cual Julián, mi ex, siempre se adulaba con sus amigos.

-“Se cuidadoso y házmelo con cariño mi Alfre”, me salió tácitamente sin imaginarme que en ese mismo momento le estaba entregando mi vanidoso y femenino tesoro a un nuevo dueño.

Me recosté aún más sobre el cuerpo de Mauricio, mientras él seguía impávido en silencio, devorándose mis senos y con mi pelvis encima de su verga disfrutando de mi empapada vagina cabalgándose su rico miembro.

Las manos de Alfredo bajaron por mi espalda y se acomodaron sobre mi cadera, luego sentí su erecta verga pasar por mis nalgas y de inmediato cerré los ojos y levante mi cabeza al techo de la casona dejando mi boca entreabierta, sabiendo lo que estaba a punto de ocurrir con mi pompis.

Los 10 años de matrimonio pasaron raudos por mi mente y esos buenos recuerdos de experiencias sexuales al lado de Julián se borraron de inmediato. Sentir como la flamante verga de Alfredo, su amigo, se hundía lentamente por entre mis nalgas me hizo gritar de placer, emoción y dolor. Durante esos eternos 30 segundos que la verga de Alfredo se escondió lenta y perezosa en medio de mis nalgas yo no sabía quién era ni que hacia allí postrada en ese sofá. Sentirme atorada y adorada por dos hombres, con dos vergas atrapadas en mi cuerpo era una sensación única nunca vivida. El grueso miembro de Alfredo se escondió en mi ano lento y magistralmente y sus masculinos gemidos de intenso placer fueron la mejor recompensa para mí al mostrarme lo encendido que lo tenía mi trasero de mujer caleña.

Luego 10 minutos inolvidables para nosotros tres. Para Mauricio venirse adentro mío mientras se comía mis senos fue especial. Para Alfredo, apostado detrás mío, abrazándome y machacándome con gentileza mi parado trasero era lo máximo y sus gritos orgásmicos al sentir como su madura verga explotaba de nuevo ahora enterrada allá en lo profundo del sexy y hermoso culo de la exmujer de Julián, su amigo, algo de locos.

Para mí, sentirme atrapada en medio de un sándwich de sexo puro, con dos desenfrenados panes de mieles opuestas aplastando su jamón y su queso, fue nuevo, morboso y novedoso, y esos dos hombres me abrieron la puerta a nuevas experiencias como mujer libre y separada. Sentir esa extraña pero placida sensación de las vergas de Mauricio y de Alfredo explotando ambas enterradas en mis entrañas, me llenaban de gloria y pasión.

Ahora, siendo las 11:33 am de la mañana de este radiante Domingo, no me cambio por nadie en el mundo en este fin de semana tan especial.

Al lado de la placida piscina de la finca, Alfredo y yo disfrutamos de la soleada mañana ya en un tono diferente. Mauricio ya ha partido de regreso a su finca temprano en la mañana, después de esa maravillosa noche de mutuo placer.

-“Ayer en el bar, justo cuando llego Mauricio a nuestra mesa, me ibas a preguntar algo…”, le dije

-“Si.. Mauro me interrumpió, justo cuando iba a cometer al atrevimiento de invitarte a salir la próxima semana... no quería que me malinterpretaras y por eso quería saber si estabas saliendo con alguien más… pero verte separada y libre de Julián, me dio la idea de ser lanzado y atrevido para salir contigo como amigos…”, agrego el.

-“Claro, mi Alfre… invítame a salir el Viernes.. Estoy toda a tu entera disposición… como amigos, amigovios, arrocito en bajo o todas las anteriores”, le respondí riéndome.

Alfredo, complacido soltó rienda suelta a su risa.

-“Eso si mi Claudia, sorpréndeme con una corta mini falda o una pinta bien sexy… me da mucha adrenalina ver como luces majestuosamente tu cuerpo de valluna”, me dijo.

De inmediato, mi celular, apostado sobre la mesita de al lado empezó a sonar pero no hice esfuerzos por contestar.

-“No vas a contestas el celu?”, pregunto Alfredo.

-“No.. es Julián.. muy seguramente llamándome a decir que recogió ya a Liliana donde mi mama”.

Mire a Alfredo fijo a los ojos y sentí como sus 80 kilos de peso parecían de nuevo aplastar mi cuerpo. Desnuda, acostada boca arriba, con el bikini amarillo tirado a un lado de la piscina y con mis piernas bien abiertas, mi cuerpo desnudo y aun humedo yacía inmóvil sobre la cómoda colchoneta y sentí perfecto como la erecta y firme verga de Alfredo se empezó de nuevo a sacudir en lo profundo de mi vagina. El, también desnudo encima mío, en posición misionero, con su velludo torso besándome y aplastando mis pechos hacia solo 10 minutos me había despojado del bikini para de nuevo acostarme y hundirme su miembro en lo profundo de mi sexo y entregarme esa glorioso y tempranero orgasmo. Para el, una deliciosa derramada mañanera Dominical en mi tesoro.

Alfredo coloco su cabeza al lado mío y me susurro al oído esas palabras que espere por 10 años escuchar:

-“No le contestes… ahora solo eres y serás mi reina”, dijo el mientras su verga sin condón empezaba nuevamente a mecerse sin problemas allá atrapada en medio de mis piernas, encima mío, tomando posesión de mi desnudo cuerpo.

Lo abraze fuertemente por la espalda mientras mi cuerpo era sacudido a la misma cadencia que su pelvis se mecía sobre la mía, y esa rica verga de un hombre de 48 años, 10 años mayor, machacaba de nuevo mi grueso clítoris y mis empapadas entrañas llenas ya del semen de un humilde hombre dispuesto a hacerme sentir especial.

-“Si, lo se mi amor”, solo atine a decirle cerrando los ojos.

10 minutos más tarde abrí mis ojos al cielo azul, escasamente cubierto de nubes, aguante mi respiración con angustia y le di gracias a Dios por poner a Alfredo en mi camino. Su gemido y el mío coincidieron en un acto desenfrenado de erotismo y pasión. El, al sentir de nuevo como su veterana verga, enterrada en lo profundo de la estrecha vagina de la atractiva y seductora ex de Julián, su amigo, explotaba de nuevo entregándome potentes chorros de espesa y blancuzca savia hirviente, inundando mi tesoro como yo más lo deseaba. Y yo, la nueva Claudia, de nuevo gemía mi orgasmo al sentir con pasión como un hombre me entregaba su generosa leche caliente y tomaba posesión de mi cuerpo.

Atrás en mi celular, el sonido de un mensaje de texto de Julián llegaba sonoro:

“Claudia.. Te extraño”.

Finalmente nuestros cuerpo sudorosos se detuvieron y la verga de Alfredo permaneció inerme de nuevo adentro de mí ya inundado sexo, al mismo tiempo que las pulsaciones de nuestros corazones volvían a bajar después de esa hecatombe de placer.

Estire mi mano y leí el mensaje, mostrándoselo a Alfredo.

El sin mediar palabra me quito el celular de la mano, lo puso a un lado y colocando sus labios sobre los míos me dio un apasionado beso, sellando de forma definitiva quien era el nuevo dueño de los tesoros de mi cuerpo.


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