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Relatos y Experiencias

La historia que les voy a contar hoy pasó hace mucho tiempo, hasta ahora tengo la voluntad de compartirla, porque ni mi novio sabía, hace poco le conté y aunque discutimos un poco, al final él mismo me pidió que la escribiera acá.Mi noviazgo con Tomás ha sido largo, esto pasó cuando apenas llevábamos algunos meses y aún estábamos en el colegio. Era Junio de 2009, yo estaba cursando 11 grado. Después de la entrega de boletines de mitad de año, mis papás me dijeron que como premio por mis buenas notas, me iban a llevar de viaje a las islas Caimán, en el caribe.Naturalmente, le conté a Tomás que me iba de viaje, porque quería motivarlo. Hace ya algún tiempo, por locuras de la adolescencia, habíamos cosechado la idea de volarnos de la casa para hacer un viaje los dos solos, y ésta era una gran oportunidad. También porque me imaginaba que el plan de mis papás no era pasar tiempo conmigo, sino darse unas vacaciones para alejarse del ajetreo del trabajo.Era viernes y viajábamos al día siguiente, mis papás ya habían comprado los tiquetes y Tomás los tuvo que comprar de afán. Yo alisté en mi maleta mis trajes de baño más provocativos, shorts cortos, camisas que no cubrieran mucho, y recuerdo que llevaba unas braguitas tejidas en hilos finos de color vinotinto, las había comprado unas semanas atrás para darle una sorpresa a mi novio, también llevaba un vibrador pequeñito que él me había regalado, pero que sólo había podido utilizar un par de veces.Del viaje en avión sólo recuerdo la cara del oficial de aduana cuando vió mi juguete sexual en el escáner, que me hizo sonrojar de los nervios; creí que iba a hacer algún comentario a mis papás, pero no pasó nada.Ya en el hotel, mis papás tenían su habitación matrimonial y a mi me instalaron en una habitación pequeñita, con una cama sencilla.Llamé a Tomás para ver cómo iba su vuelo y me contestó que no había embarcado aún. Entonces, como tenía tiempo, bajé a la piscina del hotel a broncearme, no pensaba demorarme mucho, porque soy de tez blanca y me quemo muy fácilmente con el sol.Pasó un mesero y le pedí un coctél, pero me explicó que por mi edad no me podían dar bebidas alcohólicas, mientras estaba discutiendo con el mesero, sentí la mirada furtiva de una preciosa mujer desde el otro lado de la piscina, traté de mantener la mirada, pero ella alejó su vista rápidamente. No le dí mucha importancia y dejé que el mesero se retirara. Tan pronto el mesero se fué, esta mujer lo llamó, ví que me señaló mientras hablaba con él y eso despertó aún más mi curiosidad. Era una mujer de unos 30 años, piel bronceada, cabello negro ondulado y cuerpo tonificado, era el estereotipo de belleza latinoamericano, senos grandes y firmes, y una cadera tan grande que hacían que la tanga que colgaba de ella se viera diminuta.A los pocos minutos el mesero le llevó un par de tragos a la mesita blanca que estaba junto a ella, yo no había desprendido mi vista de ella, y aunque tenía las gafas puestas, sé que ella también me miraba, era una mujer muy hermosa y me causó curiosidad que se fijara en mí, yo soy todo lo contrario al estereotipo del que les hablé, y les recuerdo que tenía 16 años, entonces mi cuerpo no estaba tan desarrollado como para atraer la atención de aquella mujer.Ella tomó una de las copas, y comenzó a acercarse a mi, caminando con la gracia felina de una mujer de su edad, mi corazón estaba que saltaba de su caja, no sabía qué decir, no sabía hacia dónde mirar. Ella vino, dejó la copa y se fué; por mi parte, alcancé a tartamudear "gra-gracias", mientras veía cómo sus caderas, con su tanga fucsia diluída en su piel, se balanceaban despidiéndose de mí.Me sentí mal porque quedé como una boba, me tomé el trago y subí a mi habitación. En mi cama, empecé a imaginarme todos los escenarios posibles, me imaginaba sus labios calientes deslizándose por mi espalda, su experiencia tomándome como esclava. Estaba deslizando lentamente mis dedos hacia mi vientre en trajectoria hacia mi sexo, cuando sonó mi celular, era Tomás diciéndome que su vuelo estaba retrasado y que viajaría hasta el siguiente día.El día siguió transcurriendo normal, almorzamos con mis papás y luego fuimos a la playa, ellos se quedaron dormidos en unas hamacas bajo la sombra de las palmeras, y yo no podía dejar de pensar en esta mujer, volví a la piscina del hotel esperando encontrarla de nuevo, pero no estaba. En ese momento hablaron por los parlantes invitándonos a disfrutar de una tarde de buceo libre para principiantes. Una buseta esperaba en la entrada del hotel, estaba llena de parejas de señores muy mayores, yo era la menor del lugar. De pronto veo a esta hermosa dama registrando la buseta como para decidir si iba o no, asomé un poco la cabeza por la ventana para que me viera, e inmediatamente se subió, se paró junto a mi asiento y preguntó con voz angelical:- Señorita, está disponible el asiento?- Claro! Viajo sola...La buseta arrancó al poco tiempo mientras nosotras seguíamos hablando, le pregunté si ella estaba sola también, y si viajaba seguido a esas islas. Me dijo que se llamaba Cindy, que ya había ido una vez con su ex-esposo, y que esta vez viajaba con su novio, pero que él estaba muy cansado y no había querido ir a bucear. Esta vez logré advertir sus cautivadores ojos negros, que lanzaban chispas cuando me hablaba, su cara era hermosa, sus labios carnosos de un rojo natural, y su cuerpo ligero, la convertían en una venus mitológica. Era una mujer simpática, muy inteligente, y cálida, el ambiente con ella siempre fue inverosímil para mi, la atmósfera era acogedora, se sentía el deseo de la una por la otra, aunque no nos dijimos ni una sola palabra sobre esto, en todo el camino hablamos de asuntos banales.Al bucear en aquellas aguas color turquesa, pude apreciar de nuevo el cuerpo de esta sirena, el ambiente era magnífico, veía los peces tropicales, la flora variopinta, y su vestido de baño tornasolado, ondulándose con el movimiento acompasado de sus majestuosas piernas, sus piernas eran largas y en su tobillo izquierdo tenía tatuada un ancla, nadaba con la misma ligereza con la que caminaba, era en realidad algo de admirar.Una de las veces que subimos a la superficie a tomar aire, una ola nos arrastró, mientas me reacomodaba el esnórquel, pude ver que la ola había dejado al descubierto el pezón erecto de su seno izquierdo, quedé atónita, y apuré a señalarle, ella simplemente me lanzó una mirada pícara, acomodó su vestido de baño y se sumergió. Yo revisé mi traje para comprobar que estuviese bien puesto, mis pezones sobresalían sobre el traje, no supe si era por el frío o era el efecto de esta sirena.Me sumergí en seguida buscándola, la seguí de nuevo apreciando el paisaje, nos escondimos detrás de una roca donde nadie más del grupo pudiese vernos, esta vez tomé la iniciativa, yo me subí la parte superior del bikini, dejando al desnudo mi pecho y mis rosados pezones, ella me siguió esta vez soltándose por completo su sujetador, sus senos redondos y la areola púrpura de sus pezones eran preciosos, quería verlos durante mucho más tiempo, pero el aire no nos dió más, subimos de nuevo a la superficie y ella me pidió que fuéramos al bote:Ya en el bote esperamos entre risas que la demás gente volviera, mientras nos susurrábamos lo que íbamos a hacer después. Cindy me invitó a su cuarto, me dijo que si me interesaba un trío con su novio, ella estaba segura que él estaría encantado de hacerlo. Pero tuve que rechazar esta propuesta, me sentía mal por mi novio, la invité entonces a mi cuarto y le pregunté si podíamos estar las dos, ella me contestó con una sonrisa en silencio. Yo estaba muy impaciente, la humedad de mi bikini se camuflaba con el agua del mar, pero la excitación de mis pezones no la podía disimular sino tapándome con la toalla.Llegamos al hotel, corrimos al cuarto, nos quitamos la ropa, acaricié su esbelto cuerpo, me dejé llevar completamente, la efervescencia del momento no ameritaba menos, metí entre mi boca sus dulces pezones, los lamí y los mordí, mientras ella comenzaba a frotar levemente mi entrepierna. Cindy se giró, pude sentir su aliento en mis muslos, podía ver su jugosa vagina, mientras la mia también pedía ser saboreada, ella sumergió su lengua en mi sexo, cuyo néctar se derramaba suavemente por mis nalgas. Nunca olvidaré ese momento, ella con sus manos sobre mis rodillas, su lengua deslizándose por mi clítoris, mientras yo con ambas manos exploraba su botón de placer, la respiración agitada de ambas, nuestros entrecortados gemidos y leves alaridos, el momento era tan ardiente, que me olvidé de todo lo que pasaba por fuera de mi, me olvidé de Tomás, de las peleas de mis papás, de los problemas en mi colegio, disfruté, sentí, estaba tan excitada y absorta por la circunstancia, que no podía discernir ninguna parte de su cuerpo ni del mío, éramos una sola. Entonces la lamí entera, me deleité con su manjar, acaricié sus pechos, sus piernas, la besé en todas partes. En un momento de lucidez, aprovechando que ella no paraba de sacar mis demonios con su lengua, estiré mi brazo hacia la maleta, y agarré el vibrador. Lo prendí y el zumbido la distrajo un instante de su intensa labor, cuando vió qué era, sonrió y siguió saboreándome, lamiendo el contorno de mis piernas y apretando mis pechos. Yo tomé el vibrador y lo hice serpentear delicadamente por su clítoris, luego reemplacé el vibrador por mi lengua, moví mi lengua tratando de imitar el movimiento del vibrador, mientras metía este último en su húmeda caverna, espiaba cada movimiento de sus caderas para saber cómo le gustaba más, cada gemido suyo era música para mis oídos, esa sirena que antes había visto en el mar azul, ahora cantaba para mi, tratando de seducirme como lo intentasen sus colegas en el mito de Eulises, yo no era inmune a su canto, gemía, gemía durísimo, este canto me hacía luchar contra el éxtasis, no quería que este trance terminara nunca, y también podía sentir a Cindy luchando contra su inminente orgasmo.La abracé para apretar sus nalgas contra mi y hacer que su clítoris no pudiera escapar de mi lengua, mientras con ambas manos controlaba el vibrador, podía sentir cómo su deseo estaba a punto de explotar, sentía sus lenguetazos cada vez más débiles, pero cada vez más húmedos, acentué los movimientos tanto del vibrador como de mi lengua, que sentía que se me iba a desprender de lo rápido que la movía, el placer me inundaba, porque entre más le gustaba a ella, más me gustaba a mi, estaba encerrada en este precioso círculo vicioso de placer.¡Uff! Aspiramos profundamente, y con un suave grito de placer, detonamos nuestro clímax al unísono, nos retorcimos de la satisfacción, pude ver a Cindy convulsionando del placer, apretando los ojos, con sus cachetes rosados, su cabello revuelto, y una sonrisa compartida en nuestros labios.Después de esto, nos quedamos dormidas, yo estaba tan exhausta que me levanté hasta la mañana siguiente, el cuarto estaba ordenado, y ella no estaba allí, creí que todo había sido un sueño, pero encontré una nota en la mesita de noche que probaba que sí había pasado, la notita decía "Que el destino nos vuelva a unir, Cindy M.", y estaba marcada con un beso. Pero después de la lujuria, queda un sentimiento amargo, sentí remordimiento por Tomás, porque ella era una total desconocida, y yo me desconocía a mi misma, no creía que pudiese caer ante tan bajos instintos. Aún con remordimiento y todo, quería volverla a ver, bajé a la piscina y no estaba, iba a preguntar en la recepción del hotel, pero me encontré a mis papás en el camino, me llevaron casi arrastrada a un sillón, y me regañaron porque me les escapé en la tarde y luego no les quise abrir mi cuarto en la noche para ir a comer. Mientras ellos me regañaban pude ver a lo lejos a Cindy saliendo con su novio muy bien arreglados, ella llevaba un vestido blanco y una maleta de mano azul oscuro, dejé a mis papás con la palabra en la boca y me fuí persiguiéndola como loca, el carro en el que iban ya había recorrido algunos metros, pero se detuvo, fuí corriendo a despedirme, ella me dió un beso en la mejilla. Pórtate bien - dijo con melodiosa voz, señalándome a mis papás que estaban mirándome desde la puerta del hotel. Revisa la nota que te dejé ahí me puedes encontrar - añadió.Revisé la nota de nuevo y al respaldo tenía un correo electrónico y una dirección. Sólo había un problema, ¡ella vivía en Australia!Mis papás nunca se enteraron de nada. Tomás al final no viajó, porque su vuelo se volvió a retrasar, y se enteró de todo esto hasta la semana pasada. No me he vuelto a encontrar personalmente con Cindy, pero si hemos hablado un par de veces, y aunque ya no vive en Australia, aún seguimos viviendo lejos.


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