¿Dudas sobre tu compra?
 01 8000 423 503

Relatos y Experiencias

No hace falta decir que luego de la increíble experiencia con Estefanía empezamos a pasar mucho más tiempo juntas, por lo menos todo el que podíamos cuando sus padres o los míos no estaba en casa. Cada vez que teníamos la oportunidad nos besábamos muy apasionadamente, nos chupábamos las tetas y nos masturbamos mutuamente. Nuestras hormonas parecían estar al 100% todo el tiempo y en cada momento juntas explotábamos de placer y lujuria. Claro que el sexo no era lo único, también salíamos de compras, al cine y con otras amigas. Solo había un lugar donde evitamos estar juntas todo el tiempo para evitar suspicacias: El colegio. Allí aparentábamos ser solo amigas, aunque más adelante, la verdad de nuestra relación saldría a la luz de la peor manera posible.

Un día que estábamos en mi casa viendo una película, me quedé mirando fijamente a Estefanía

- ¿Qué pasa? ¿Estás bien?

- Sí, pero quiero preguntarte algo

- Dime

- ¿Quieres ser mi novia?

- Creí que ya éramos pareja

- Bueno sí, pero quiero que sea oficial

- Por supuesto que quiero, me encantas y me encanta estar contigo todo el tiempo

- Tú también me encantas

Nos besamos con mucha pasión y terminamos desnudas teniendo sexo. Cuando me disponía a chuparle la cuca a Estefanía, me detuvo

- ¿No quieres que te la chupe?

- Sí, claro que quiero. Pero también quiero que disfrutes conmigo

- Podemos hacer un 69, si quieres

- ¿Un qué?

- Un 69, yo me cuesto sobre ti con mi cabeza hacia tu cuca y tú estás debajo mío y me la chupas también

- ¿Y cómo sabes eso? ¿Acaso has estado practicando con alguien más?

- Jaaaaaaaaaa boba, lo he visto en el porno (aunque en aquellos días ver porno no era tan sencillo como hoy)

- Bueno, probemos

Y lo hicimos. Aunque era difícil estar concentrada en chupar y lamer el delicioso sexo de Estefanía mientras ella me chupa a mí, logre sacarle un delicioso orgasmo y ella a mí. Estábamos dispuestas a seguir, pero escuchamos ruidos y supe que mis papás habían regresado a casa. Nos vestimos rápidamente, nos lavamos la cara para disimular un poco, bajamos a la sala y le presenté a mis papás a Estefanía como mi novia. Ellos se portaron muy amables e incluso la invitaron a cenar.Terminamos de cenar y nos despedimos con un beso más dulce para no incomodar a mis papás.

Los días pasaban y estábamos felices en nuestra relación. Debido a las actividades y tareas escolares y a que no estábamos solas, no tuvimos casi nada de sexo, pero íbamos juntas a todos lados y eso hizo que Estefanía convenciera a sus papás de dejarla invitarme a pasar un fin de semana con ellos en su finca, aunque para ellos yo sería solo una buena amiga ya que, según me dijo, ella sus papás eran muy conservadores y aún no se atrevía a decirles sobre nuestra relación. Pero también me dijo que pensaba hacerlo ese fin de semana y que también por eso había insistido en invitarme. Esa charla no tendría lugar y ese fin de semana se convertiría en una pesadilla.

Llegamos la finca el viernes en la tarde, sus padres se acomodaron en la habitación principal y Estefanía y yo en la de los invitados que estaba junto a la piscina. Cenamos con sus papás, ellos se fueron a descansar y Estefanía y yo nadamos un rato para refrescarnos del calor que hacía y luego nos fuimos a la habitación a descansar (o eso creía yo)

- ¿Quieres ducharte conmigo?

- ¿Y tus papás? ¿No te da miedo que se den cuenta?

- Cuando ellos se duermen son como rocas, no hay ruido que los despierte

- Está bien, vamos.

Entramos a la ducha, Estefanía abrió la llave del agua fría y de inmediato dejemos que nos mojara completamente. Nos besamos muy rico, para desquitarnos del tiempo que llevábamos sin hacerlo. De repente me detuve para mirarla a los ojos

-Uff no sabes cuanto extrañaba tus besos, tus tetas, tu cuca deliciosa, tu cuerpo que me enloquece.

- Y yo el tuyo, masturbarme no es lo mismo si no estás conmigo

- ¿Ah sí? ¿Te has masturbado mucho pensando en mí?

- Mucho no, pero si lo he hecho

- Pues aprovechemos y nos sacamos las ganas

Terminamos de ducharnos, nos secamos y nos acostamos. Antes de empezar me dijo

- Ya que me has extrañado tanto, quiero darte mucho placer primero

- Pero tú también me has extrañado, no es justo que yo sea la primera

- Bueno, creo esto solo tiene una solución: El 69

- Umm bueno. A ver cómo nos va esta vez.

Me puse sobre ella y de inmediato empecé a chupar su sexo delicioso y ella el mío. No tardó mucho en empezar a gemir

-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhh que ricooooooo, no paressss, dame más, dame toda tu lengua

- Ahhhhhhhhhhhhhhhhh iii toma, toma. Hazme venir como tú sabes

- Ohhhh siiiiiiiiiiiiiiiii, siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, me vengooooooo

Y se vino en mi boca y al poco tiempo yo en la de ella. Lejos de estar satisfecha, me acostó atravesada en la cama con las piernas colgando y ella me dio una exquisita mamada, se comió mi sexo como una diosa, tomó mi clítoris como un caramelo. Su lengua guiaba los movimientos de todo mi cuerpo y en esos momentos yo no tenía ni piernas, ni brazos todo mi cuerpo era aquel pequeño promontorio que Estefanía succionaba a su antojo, no sabía reconocer esa sensación, pero fueron unos orgasmos cataclísmicos los que me regalo mi divina novia. Me dejó casi muerta, pero decidí hacerle lo mismo hasta dejarla como yo. Cuando terminé me acosté junto a ella y nos besamos con ternura y poco a poco nos quedamos dormidas, desnudas y totalmente satisfechas.

Me desperté al lado antes que ella. El sol ya entraba por la ventana y en la claridad del día contemplé su cuerpo esplendido, liso, sus tetas grandes de pezones achatados, y su sexo bien depilado de regular tamaño. Como si mi mirada la hubiera despertado, abrió los ojos

- Hola buenos días ¿por qué me miras así?

- Porque eres hermosa y me encantas

- Qué bella, tú también

- Pero mejor nos vestimos, papá y mamá ya deben estar despiertos y alguno de ellos seguro viene a ver si ya despertamos para desayunar.

- Ok, es lo mejor entonces.

Nos pusimos las pijamas y decidimos darnos un beso de buenos días, algo que no debimos hacer pues en ese momento su mamá abrió la puerta y nos sorprendió.

No hace falta decir que se formó un escándalo, su mamá nos separó halándome del brazo mientras me insultaba diciéndome puta degenerada. Estefanía trataba de explicarle que éramos novias pero su mamá la hizo callar de una bofetada mientras le decía que se cambiara de ropa porque ya mismo se iban de regreso. Su papá también llegó atraído por los gritos y la señora le contó lo que había pasado. El señor me miró con odio y solo me dijo que empacara mis cosas para dejarme en mi casa.

Llegamos a mi casa y poco faltó para que empujaran del auto sin detenerse. Cuando entré empecé a llorar, papá y mamá me vieron y les conté lo que había pasado. Me abrazaron y subí a mi cuarto a descansar. Pasé el fin de semana sin saber nada de Tefy y el lunes cuando regresé al colegio no pude hablar con ella porque solo fue hasta la hora del descanso y solo la vi cuando tuve ir la oficina de la rectora pero no pudimos hablar porque sus padres estaban con ellas y le contaron la situación y tomaron la determinación de sacarla del colegio e irse a otra ciudad. Yo no lo podía creer y me empecé a llorar mientras la rectora me decía que me calmara y me envió a mi salón de clases sin poder no decirle adiós a mi Tefy.

No sé cómo, pero la situación entre Estefanía y yo se hizo vox populi en el colegio. Las chicas me miraban al pasar y murmuraban. Algunas me gritaban insultos, pero yo no les prestaba atención. Hasta que un día una de las populares me encaró y me dijo “Uy, ya viene la zorra lesbiana, que miedo” y le contesté fuerte para que las demás escucharan: “No te preocupes, tú eres muy fea y jamás me metería contigo, no tienes nada que temer”. Con eso logré quitármela de encima y me gané el respeto y la admiración de muchas chicas del colegio, y la amistad de dos o tres de once que también eras lesbianas (algo que jamás pensé porque eran muy populares y siempre estaban con chicos cuando salían del colegio). Cabe aclarar que solo nos hicimos muy amigas y jamás pasó nada con ninguna de ellas.

Estefanía y su familia se fueron de la ciudad a la semana siguiente. Solo pudimos hablar por teléfono unos minutos antes de que se fuera al aeropuerto y nos despedimos entre lágrimas y la promesa de no olvidarnos. Pasamos un tiempo sin saber nada una de la otra hasta que nos contactamos de nuevo por Facebook (benditas sean las redes sociales). Me contó que sus padres finalmente aceptaron su sexualidad cuando terminó la universidad y que estaba casada con una doctora. Prometimos vernos de nuevo y lo pienso cumplir. No importan los años que pasen, jamás olvidaré a Estefanía, la mujer que con sus besos y sus caricias me llevó al maravilloso mundo del amor lésbico.


¿Dudas sobre tu compra?
 01 8000 423 503

Ingresa a tu cuenta

¿No tienes una cuenta? Crea una AQUÍ