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Relatos y Experiencias

Primero que todo debo aclarar que este escrito es una fantasía, no ha sucedido en realidad, pero quisiera que sucediera y por eso me decidí a recrearlo en este relato.

Mi esposa es una mujer bonita, cabello color castaño oscuro, ojos color miel, senos pequeños pero gustosos, con pezones grandes de color oscuro, ella es bajita y pecosa, tiene piernas lindas y buen culito.

Yo soy un esposo cornudo, lo descubrí hace mucho tiempo y me encanta verla tener sexo y masturbarme, pero a veces en la ciudad en donde vivo no es fácil que las cosas se den por eso debemos recurrir a recrear nuestras fantasías en la imaginación.

Somos una pareja de 38 años y de vez en cuando sacamos tiempo para salir a tomarnos unas cervezas y bailar un poco, hace días salimos a tomarnos unas cervezas y relajarnos un poco, nos sentamos en un bar y nos pusimos a conversar, en ocasiones mi esposa no aguanta bien el licor y en esta oportunidad con unos cuantos rones se sintió prendida.

Ella tenía puesta una blusa de tiras con la espalda descubierta sin brassier, encima una chaqueta de tela color negra, tenía una falda cortita, unas tangas muy chiquitas, diminutas y unas chanclas de tacón alto, la verdad es que se veía muy llamativa vestida así.

En una de las mesas contiguas a nosotros había un grupo de hombres compartiendo en plan amigos, en una de mis idas al baño al regresar me encontré a mi esposa conversando con uno de los hombres, un tipo alto barbado, no muy guapo, pero se nota que la estaba haciendo reír, cuando me senté a la mesa se presentó y me invitó un trago, yo le agradecí, pero le dije que solo estaba tomando cerveza; ella me dijo que él trabajaba en lo mismo que yo y ahí nos pusimos a conversar los tres. Yo no decía nada, pero notaba la mirada de mi esposa y sabía que le había gustado, de hecho, su mirada brillaba cuando veía a más de uno en la mesa en donde estaba nuestro nuevo amigo a quien llamaremos Esteban.

Al final terminamos pasándonos para la mesa de aquellos tipos, eran cinco en total de distintas formas y tamaños, había uno gordo también alto muy divertido, otro delgado y bien parecido más bien callado, había uno fornido no muy alto pero que le gustaba ser el centro de atención, ese miraba mucho a mi esposa y de vez en cuando la saca a bailar, estaba bañado en perfume y se notaba muy a la moda y por último, un tipo muy normal, alto sin barba, más bien feo, hablaba de vez en cuando y tomaba tequila a diferencia de todos los demás.

Se llegó la hora en que empiezan a cerrar los negocios y mi esposa ya bien pasada de tragos me dijo que los “muchachos” seguían la rumba en la casa de uno de ellos que estaba solo. Yo ya estaba muy prendido también y quería seguirla por si se daba algún plan de mi esposa con alguno de ellos, cogimos un taxi y cuando menos pensé mi esposa se subió con el feo, el gordo y esteban en un taxi y arrancaron, el de la casa era el feo. Yo me subí a otro taxi con el fornido y el alto bien parecido, el fornido se hizo adelante y no paraba de chatear con su celular, yo pregunté si alguno sabía dónde vivía el dueño de la casa y el mismo me dijo que si sabía, que él nos llevaba.

Después de unos 25 minutos me di cuenta que estábamos dando muchas vueltas, yo estaba prendido, pero no era idiota, noté que el fornido daba indicaciones que solo nos embolataban aún más, finalmente y después de unos 40 minutos llegamos, el taxista ya estaba hasta de mal genio y cobró de más, para colmo de males yo sentía dolor de estómago al parecer algo me había caído mal y tenía ganas de entrar al baño.

La casa a la que llegamos era vieja, de esas casas grandes, se demoraron un poco más en abrirnos y debo confesar que estaba algo asustado porque mi esposa estaba muy ebria y no sabía si le podía haber pasado algo. Nos abrió Esteban, cruzamos la sala y nos dirigimos al final del pasillo cruzando la cocina a un patio en donde estaban el gordo y el feo hablando con mi esposa, ella estaba colorada, algo agitada y a pesar del frío no tenía la chaqueta puesta, los tres reían y conversaban.

Cuando llegué le llamé y a un lado le pregunté si todo estaba bien, ella me dijo que habían estado tonteando un poco, que el dueño de la casa le había pedido que le mostrara su vagina y ella le había dejado ver un poco, se río sabiendo que eso a mí me calienta. Le pregunté si había pasado algo más, en ese momento volteó a mirarlos y en voz baja me dijo que luego me contaba pero que creía que el plan iba a estar bueno, que no me preocupara que íbamos a tener una buena noche.

Los tragos iban y venían, mi esposa bailaba con todos y cada vez de forma más descarada, les dejaba ver el trasero como de forma juguetona, pero a todos los presentes les brillaban los ojos, el delgado y bien parecido fue el primero en caer borracho, luego el fortachón cedió al influjo del licor y quedó decidió que era hora de irse, yo estaba al borde de la borrachera, pero en una ida al baño escuché desde adentro a dos de los tipos que hablaban en el pasillo:

-Uy hermano estoy que me culeo a esta vieja, no hace sino tocarme el pene por encima del pantalón cada vez que bailamos – dijo uno de los tipos.

-Ja dígamelo a mí, ahorita que el marido salió me dejó meterle mano y tocarle las tetas, esa vieja lo que quiere es pene, vamos a darle chorro al marido para que caiga rendido.

En ese momento me di cuenta que era momento de poner mi creatividad en marcha, así que cuando salí le pregunté al dueño de casa si era posible que me recostara un momento en algún lugar, el inmediatamente me ofreció una cama al fondo de la casa, me dijo que allí me podía recostar sin que me molestara la música.

Yo evidentemente no me iba a quedar acostado y una vez hube comprobado que se había ido y haber esperado algunos minutos salí de la habitación con cautela, sin dudas había creído que realmente estaba profundamente dormido ya que desde una ventana que daba al patio pude observar como Esteban le estaba dando un beso mientras le tocaba las tetas a mi esposa prácticamente desnuda, con la falda en la cintura, las tangas por ningún lado y sin blusa los tres hombres la chupaban y tocaban por todas partes.

En un momento los tres pararon de tocarla y se desnudaron en cuestión de segundos, el gordo tenía el pene grueso y de tamaño mediano, Esteban la tenía de tamaño y grosor normal, pero el feo tenía un miembro poderoso, un pene enorme de ancho y de largo, fue este quien la acostó en la mesa en donde antes estaban los tragos y mientras el gordo le metía el pene en la boca (el mismo que mi esposa chupaba como si su vida dependiera de ello), el feo se agachó para chuparle la vagina, le hacía un oral que tenía gimiendo a mi esposa, repasaba con su enorme lengua la vagina saboreando la humeda vagina de mi esposa mientras Esteban le chupaba las tetas y mi esposa le masturbaba con una de las manos libres.

El feo se mostraba como el líder y aunque estoy seguro que mi esposa prefería con Esteban, se dejó tomar de las caderas y este sin pensarlo dos veces le clavó el pene de un solo golpe, su enorme miembro caliente y palpitante entró por la humedad de la vagina de mi esposa con un grito de placer. Los otros dos solo pudieron ver como el feo la cogía con sus brazos y la clavaba una y otra vez, agarrándola unas veces del cuello, otras del pelo pero siempre clavándola con furia, metiéndole su enorme pene una y otra vez adentro haciendo que mi esposa disfrutara como nunca, sus ojos vidriosos, su piel colorada, su sudor y sus suplicas para que la siguiera cogiendo terminaron en unos gritos y gemidos que claramente indicaban que la estaba haciendo venir, mientras tanto, yo había sacado mi pene y me masturbaba con mucho esmero.

El feo no duró mucho más, empezó a quejarse de placer y a embestirla bombeando toda su leche en mi esposa, esperaba que no fuera a dejarla en embarazo.

Exhausto saco su pene aun chorreando semen y dejó que Esteban le reemplazara, mi esposa le miró agotada pero ansiosa de seguir recibiendo una buena tanda de pene, Esteban propuso que el lugar no era tan cómodo y preguntó al feo dueño de la casa que cama podía usar para gozar de mi esposa, el hombre casi sin habla les indicó un cuarto al lado de donde me habían “dejado”, yo corrí de nuevo hacia la habitación para que no se dieran cuenta que los había estado viendo, se ubicaron en la habitación el gordo y Esteban mientras el feo se quedó fumando un cigarrillo en el patio.

Ya en la habitación entraron con mi esposa el gordo y Esteban y se dispusieron a continuar la faena, no sin antes entrecerrar la puerta, tuve que esperar unos minutos para garantizar que estaban concentrados en ella, después de lo cual me puse de pie con mucho sigilo y me acerque, tuve que empujar un poco la puerta para dejar el suficiente espacio para mirar, Esteban tenía a mi mujer en cuatro y se la estaba metiendo con ganas, mi esposa estiraba las manos hacia atrás queriendo ayudarle con la labor de empujar con más fuerza en su intimidad.

El gordo tomando del pelo a mi esposa la seguía poniendo a mamar, ah que belleza de cuadro, yo nuevamente me saqué el pene y me puse a masturbarme, Esteban le daba en cuatro y ella gozaba tanto que a veces se sacaba el pene del gordo de la boca para poder gemir.

De pronto una voz habló duro a mis espaldas.

-Que dejen pasar al marido que quiere ver como se le culean a la mujer.

El feo había llegado detrás y yo no me había dado cuenta, tanto el gordo como Esteban miraron unos instantes, pero la excitación les ganó por completo, esteban dijo sin parar de darle pene a mi esposa:

-Hágale papito acomódese para que vea como nos comemos a su mujer.

Yo me quedé un momento en la puerta y luego entré y me senté en una silla que estaba en una esquina, Esteban volteó a mi esposa y se la siguió metiendo mientras le propiciaba un beso que mi esposa gustosa correspondía.

Después de unos minutos más Esteban se vino adentro de ella dejándola aún más llena de semen, ella tomó unos pañitos desechables que había puesto a la mano para limpiarse, pero el gordo le pidió que no, que ese era el recuerdo que me iban a dejar a mi.

El gordo le pidió nuevamente ponerse en cuatro y después de darle unos lengüetazos en el ano le dijo que el iba por el culito, que le iban a llenar todos los orificios de semen para que yo aprendiera.

El feo inmediatamente tomó de nuevo el control y le pidió a mi esposa y el gordo que pararan.

Vea cachón como le damos los dos al tiempo para que tenga con que pajearse.

Entonces el feo se acostó y le metió todo el pene a mi mujer por la vagina, luego el gordo con calma pero sin dudar le metió el pene por el ano, mi esposa intentó rechazar la culeada pero el feo la tomó con fuerza y el gordo le metió toda su grueso pene y asi, despacito pero a buen ritmo los dos la penetraban, mi esposa solo cerraba los ojos, Esteban se acercó para garantizar que no quedara nada libre y se la metió en la boca.

Para mí era un verdadero placer ver como mi esposa se portaba como una perra para esos desconocidos, les gritaba que le dieran más y en ocasiones cuando le preguntaban si le gustaba ella respondía que conmigo no pasaba tan rico, que esos penes grandes le encantaban, la volvían loca.

En una de esas el gordo no aguantó más y empezó a venírsele en el culo, una descarga de semen como nunca antes vista, luego Esteban le terminó en su boca y por último el feo salvajemente la poseyó y la culeó como nunca lo había visto, cuando este se vino dio un grito de placer y victoria que no podía contener porque ya mi esposa estaba teniendo nuevamente un orgasmo y mojaba todo alrededor, los cuatro quedaron rendidos, tirados en medio de un olor a semen.

En ese momento me vine copiosamente, me limpie y como pude ayudé a limpiar a mi esposa, por ahora habíamos terminado, pero sin duda habría que repetirlo.

Al despedirnos Esteban le pidió el número a mi esposa, ella se lo dio y el feo dijo:

-La próxima es sin usted – dijo dirigiéndose a mí – la próxima le mandamos foticos.

FIN


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